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Cinco claves para entender “50 Fotografías con Historia”

¿A quién no le gusta un buen álbum recopilatorio? Creo que no me equivoco si digo que más de la mitad de los CDs que tengo en mi casa son álbumes recopilatorios y sin duda alguna son mis favoritos. Y justo al lado tengo la estantería con mis libros de fotografía, de manera que los grandes éxitos de Red Hot Chili Peppers, Miles Davis, John Coltrane y Phil Collins; viven justo al lado de “New York Times Magazine: Fotografías”, “Masterclass: Arnold Newman” y, más recientemente, “50 Fotografías con Historia”. ¿Cuáles son las claves para un gran recopilatorio? Seguid leyendo.

Reunir a toda la banda

¿Recordáis cuando The Police se volvió a juntar allá por el año 2008 para una última gran gira? Fue, sin duda alguna, un momentazo; y es que cuando se juntan grandes maestros y leyendas, es muy difícil que el resultado sea menos que fantástico. En este libro pasa lo mismo, es un refrescante cóctel de algunos de los mejores nombres de la fotografía española de los últimos cien años.

Alguno estará pensando: “Hombre, muy refrescante no es cuando habéis metido a autores legendarios que son de sobra conocidos”. Cierto, pero como siempre la riqueza está en los detalles, y esos conocidísimos autores también tienen historias que no son tan conocidas. Sofía Moro, Cristina de Middel, Agustí Centelles, Navia, Sandra Balsells… Antes he mencionado a la banda, pero probablemente debería haber dicho orquesta.

Entrar hasta la cocina, un vistazo entre bambalinas

A veces, con los grandes recopilatorios, al sello discográfico le da por tirar la casa por la ventana y hacer un documental sobre el proceso de creación de ese álbum. ¿Y por qué no? Al fin y al cabo, la audiencia ya está acostumbrada a ver los conciertos, pero ¿enseñar el backstage? Eso ya son palabras mayores.

El libro no sólo quería ofrecer un concierto, sino que quería dar pases VIP a todos los asistentes para conocer a los miembros de la orquesta, ver cómo trabajan, invitarles a una experiencia de interacción más profunda, en el que puedan plantear sus preguntar con la certeza de que obtendrán sus respuestas.

Un buen productor

Antes he dicho que un recopilatorio que junta a cincuenta grandes maestros es imposible que salga mal. Quizás habría que matizar: Es imposible que salga mal si hay alguien con cabeza y visión manejando el timón; alguien que pueda hacer bien los arreglos; que conozca a los músicos; alguien que sepa cuándo un músico, aunque suene redundante, tiene que llevar la voz cantante.

El equipo detrás de “50 Fotografías con Historia” sabía que este libro no podía ser el resultado aleatorio de meter medio centenar de nombres en una coctelera, agitar y ver lo que salía. Es por eso que el orden en que se presentan las historias del libro no es fruto del azar y su contenido tampoco. Para crear algo así hace falta mucha investigación, mucha paciencia y la pericia de saber dónde buscar. El diseño tampoco es secundario, pues el libro es, fotografías aparte, una experiencia visual que busca transportar al lector a través de sus páginas de manera fluida y sin bajar el ritmo narrativo.

Temas inéditos o reeditar los viejos

De nuevo hay que matizar. Esa canción que en su momento pasó sin pena ni gloria pero que ocupa un lugar especial en el corazón de la orquesta; o tal vez hay un tema antiguo que, a pesar de ser bueno, necesita unos nuevos arreglos que no se hicieron cuando tocaba. Este es el momento.

Decía Jose María Díaz-Maroto en una entrevista que algunas de las historias narradas en el libro “se están contando bien por primera vez”, mientras que otras son el resultado de arrojar luz a anécdotas de carácter menos popular. César Lucas, aquella foto de Marisol será probablemente por la que muchos lo recuerden. Para mi y muchos otros —incluido el autor— lo identificamos con aquellas magníficas fotografías del Ché Guevara en Madrid, que conforman un documento único de un momento histórico. En este caso, los nuevos arreglos han venido de la mano de este nuevo libro.

Una portada cañera

Los que disfrutan yendo a viejas tiendas de discos —no quedan muchas por desgracia— para dejar que sus dedos naveguen entre las portadas de CDs y vinilos, conocen bien el poder de una gran portada. Yo en más de una ocasión he comprado un disco porque su portada era inmejorable.

Bien es cierto que suele aconsejarse en contra de juzgar un libro por su portada, pero creo que en este caso procede hacerlo. Aquella fotografía de Ramón Masats, que reflejaba de manera sorprendente la épica de un partido de fútbol entre sacerdotes, abre la cubierta de una obra que invita al lector a ir más allá del momento fotografiado. No se me ocurre mejor portada en la que detener la vista durante un rato, justo antes de empezar a leer.

Last modified: 29 noviembre, 2017

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