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La foto de tu vida

Cuando la foto de tu vida supone tu muerte

Por: | Actualidad

Ya he dicho en otras ocasiones que siempre quise dedicarme, como fotógrafo, a la fotografía que se desarrolla en países en conflictos bélicos. Es una forma de luchar por los derechos humanos, de mostrar una realidad que no encontramos en nuestro día a día cuando vamos al supermercado a por comida, a la tienda a por ropa o simplemente, a pasear por la ciudad. Ese mismo sueño, esa pasión la han tenido muchos; y muchos son los que han tenido que pagar un precio muy caro para conseguirlo.

El año pasado murieron asesinados varios fotógrafos mientras hacían su trabajo, Jeroen Oerlemans, Leila Alaoui, David Gilkey y Osama Jumaa. A estos habría que sumar la larguísima lista de fotógrafos que han muerto en países que, pese a no estar oficialmente en guerra, tienen un historial de violencia interna como si lo estuvieran, hablamos de lugares como México, Honduras o El Salvador donde ser fotoperiodista es ya, de por si, un trabajo de riesgo. Si a los asesinatos les sumamos las desapariciones, secuestros, agresiones y amenazas que a diario sufren estos trabajadores es fácil preguntarse “¿merece la pena?”, algo a lo que estos profesionales seguramente contestarán rápida, rotunda y unánimemente: sí

Ser fotógrafo es algo que no está reñido con otras profesiones, conozco ingenieros, policías, informáticos e incluso a un banquero que se dedican también a esta disciplina. Dentro del ejército hay también fotógrafos, esta es la (breve) historia de un fotógrafo militar anónimo que quería ser fotoperiodista.

Era un día más dentro de la rutina de la especialista Hilda Clayton, de 22 años, militar estadounidense. Ingresó en un equipo de combate de la brigada blindada del Ejército Nacional Afgano. Era el 2 de julio de 2013 y como tantos otros días iba a hacer su entrenamiento. Desde hacía un tiempo la militar acompañaba a otro militar que se estaba formando para ser fotoperiodista. El aspirante acompañaba a Clayton en las guardias, en las “imaginarias” y en los entrenamientos, seguramente ya soñaba en salir al frente y retratar su rutina, su día a día rodeado de ruido, polvo y muerte, tres de los ingredientes que el fotógrafo retrató a costa de su vida, sin salir al campo de batalla.

Hilda Clayton, explosión, militar afgano

Ese día Hilda Clayton acompañaba a otros cuatro soldados afganos a la verificación de un mortero, una de las prácticas habituales. El fotoperiodista buscó el plano, quería capturar todo el proceso, por lo que seleccionó la ráfaga de su cámara, el botón que enviaría lejos el mortero y el de la cámara se dispararon casi al mismo tiempo, un fallo hizo que el proyectil explotara antes de salir matando a todos los que estaban allí. Estas son las imágenes

Hilda Clayton. Explosión

Como podemos comprobar, una vez más, lo que trasciende es el nombre de la militar estadounidense, no se sabe nada de los demás militares ni de la persona que, a cuenta de su vida, consiguió estas espeluznantes fotografías. Si este militar no hubiera decidido ser fotógrafo seguiría vivo, Clayton habría pasado a engrosar la triste lista de militares muertos en combate y nadie hablaría de esto. Pero la realidad es que hoy, gracias a este fotógrafo, estamos hablando de esto y ningún medio dice su nombre, parece que la única vida que merece la pena contar es la de la militar. Este artículo va por ti fotógrafo sin nombre, gracias por tu trabajo, descansa en paz.

Fuente:
BBC

Last modified: 19 julio, 2017

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