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Id con Dios, que os la he colado

Una cuenta de Instagram y seis novias falsas fue todo lo que necesitó un presunto fotógrafo de guerra para publicar sus historias en las principales cabeceras internacionales. Ahora se conoce que todo fue un fraude, aunque su identidad sigue sin salir a la luz.

Quien esté esperando un artículo en la línea habitual, puede cerrar la página o leer otra cosa. Quien espere una noticia o algo meramente objetivo, puede cerrar la página o leer otra cosa; porque esto es otra cosa. Esto es un grito de exasperación, la manifestación de un soberano y muy subjetivo cabreo.

Porque estoy harto, porque cuando no es un fotoperiodista que se dedica a abusar de la herramienta “Clonar” de Photoshop o a robar imágenes de otros fotógrafos para insertarlas en las suyas propias; es un iluminado que, por poner un ejemplo aleatorio, se inventa a un fotógrafo nacido en Valencia para luego revelar que todo era un fraude y decir “mira qué sencillo y fácil es engañar a los medios de comunicación”.

Esta semana se conocía el último grito en escándalos protagonizados por un fotoperiodista. Un supuesto fotógrafo documental brasileño, llamado Eduardo Martins, especializado en conflictos y catástrofes humanitarias llevaba desde 2016 vendiendo fotos de otros reporteros como si fueran suyas. Las alteraba lo suficiente para que pasaran los primeros filtros antiplagio, si es que existe alguno visto lo visto, y ganar dinero con ellas; aunque para esto último podría haber buscado otra profesión, tal y como se paga en los medios hoy en día.

Una investigación liderada por la periodista de la BBC, Natasha Ribeiro, ha destapado el fraude y puesto en fuga al falso fotógrafo, que se marcó un mutis por el foro con un mensaje de WhatsApp: “Estoy en Australia, he decidido pasar un año recorriendo el mundo en una furgoneta. Cortaré toda comunicación, incluyendo Internet y mi cuenta de Instagram. Gracias, id con Dios”. El mensaje iba dirigido a Fernando Costa Netto, que preparaba una exposición sobre fotógrafos brasileños.

Debemos, la comunidad fotográfica como conjunto, condenar este tipo de conductas de manera rotunda. No hay cabida para la tibieza o las medias tintas. No sólo perjudica al lector, oyente o audiencia de turno; el mayor daño nos lo hace a todos los profesionales que nos guiamos por una brújula moral cuando trabajamos; que verificamos las fuentes; que no pisamos a otros compañeros ni a las personas que protagonizan las historias que luego transmitimos. Hace un par de semanas publicábamos en Signo Editores Numen una entrevista con la fotoperiodista Nicola Muirhead, de la que me gustaría rescatar las siguientes palabras: “La ética es algo con lo que siempre deberían desafiarnos”; y tenía razón.

Last modified: 7 septiembre, 2017

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