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Charles Eisenmann. Hairy man

Las rarezas humanas de Charles Eisenmann

Por: | De autor

Charles Eisenmann (5 octubre 1855 a 8 diciembre 1927) fue un famoso fotógrafo neoyorquino durante finales de 1880. Regentó durante la década de 1870 un estudio que se llamaba “Distrito Bowery” donde se juntaba la flor y nata de la sociedad neoyorquina de la época: vagabundos, gente de paso, prostitutas y, como no, artistas.

Su trabajo era el de un fotógrafo convencional realizando retratos de clientes locales, parejas, familias y la alta sociedad. Pero tenía una pasión, era lo que él calificó como “rarezas humanas”, viajaba buscando gente con deformidades notables, con desfiguraciones, enanismo o mutaciones.

Cuando pasaba un tiempo sin encontrar a nadie digno de ser retratado, no dudaba en recrear sus propias deformaciones para seguir vendiendo su trabajo. Su público era fundamentalmente gente de clase alta, influenciables y con los recursos necesarios para permitirse ciertos caprichos. Estas falsificaciones recibieron el nombre de “gaffed monsters”.

Charles Eisenmann. Jim Tarver

Su retrato más famoso es el de “Jojo” el Niño con cara de perro, se trataba de Fedor Jeftichew, un joven ruso diagnosticado a posteriori de hipertricosis. Hasta los dieciséis años trabajo en el circo con su padre, a esa edad se quedó huérfano y un empresario le ofreció un contrato para irse a trabajar a Estados Unidos. Una vez allí el empresario creó una historia en torno a Fedor para construir su personaje, se inventó que el joven vivía en una cueva con su padre y que él mismo le cazó y le trajo desde Rusia. Fedor hablaba varios idiomas y viajó por gran parte del mundo. Murió de neumonía en Grecia a los 36 años.

Charles Eisenmann. Hydrocephalic baby

Estas fotos son un pequeño ejemplo de su única colección de individuos que se consideraban “anormal” en el momento. Quiero pensar que hoy en día nadie visitaría un circo donde las personas con discapacidad fueran presentadas como monstruos o rarezas, pero en la década de 1800 el todopoderoso dólar ya justificaba estos espectáculos como “curiosidades de la condición humana” para contribuir a esa doble moral que se ha convertido en una marca de identidad de los Estados Unidos. Hoy, ese mismo dios al que nadie reza pero todos veneran, justifica también las guerras, las invasiones o la trata de blancas, son los “monstruo-shows” modernos a los que todos asistimos casi sin pestañear.

Fuentes:

Sobadsogood

Wikipedia

Last modified: 31 mayo, 2017

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