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Recuerda: Picasso dibujó un culo

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Como muchos otros antes que yo en esta profesión, el miedo es un compañero pesado del que no te puedes librar. Hay muchos tipos de miedo, pero yo estoy hablando del miedo al fracaso; miedo a fallar en poder vivir de tu pasión, de aquello a lo que te quieres dedicar en tu vida. El miedo puede ser relativamente sano, te puede mantener en forma (fotográficamente hablando), empujándote a no parar y seguir trabajando en nuevas historias, perfeccionando tu fotografía. Pero un miedo desequilibrado puede tener también el efecto contrario.

Cuando en Signo Editores me dieron la oportunidad de escribir en esta revista, con prácticamente toda la libertad del mundo para escoger los temas y trabajarlos, me di cuenta de que tenía en mis manos una ventana para dar salida a esas reflexiones que los fotógrafos —yo incluido— tenemos a menudo. Es imposible estar 100% seguro de sí mismo, de que se va a conseguir todo lo que uno se propone, y en esta profesión menos que en otras. Parece ser que las inseguridades forman parte de este trabajo; como también forma parte de ello esa endémica falta de financiación para poder trabajar las historias que queremos trabajar, de la manera en que querríamos trabajarlas.

Esta semana, sin ir más lejos, me metí en la cuenta de Twitter de un escritor británico al que admiro mucho y cuya obra me encanta, intentando averiguar si, de una vez, sacará el libro que todos sus lectores llevamos esperando desde el año 2011. El caso es que cuando miraba sus tweets más recientes, me encontré con uno que me llamó la atención. Decía lo siguiente: “Whenever you start to question your own artistic choices, just remember: Picasso drew a butt” —“Cuando comiences a cuestionarte tus propias elecciones artísticas, simplemente recuerda: Picasso dibujó un culo”—.

Y es que es cierto. Cuestionarnos de manera bastante negativa y derrotista nuestro propio trabajo, sobre todo en lo referente a la calidad en comparación con el de otros, parece ser algo común en cualquier gremio artístico. Yo lo hago; y también es verdad que muchas veces aparece ese miedo al fracaso. Hace poco leí sobre un libro titulado “The War of Art”, escrito por Steven Pressfield, que no deja de ser una suerte de libro de autoayuda. Sin embargo, en sus páginas habla de la resistencia —o miedo—, entendiendo como tal cualquier cosa que te impide crear algo. Si bien cada cual tiene sus propios miedos y barreras, voy a hablar de dos que suelen ser muy comunes y que yo también experimento.

La primera barrera es el perfeccionismo. En la industria artística es difícil encontrar a un profesional que no sea perfeccionista. Sin embargo, a veces llegamos a niveles tan altos que nos saboteamos a nosotros mismos, a veces incluso antes de haber empezado a trabajar. Tenemos una idea que creemos es fantástica pero luego le empezamos a encontrar pegas. Tal vez la idea no sea tan buena; quién va a estar interesado en algo así; no tengo el dinero ni el equipo necesario para llevar a cabo este proyecto como a mi me gustaría… En definitiva, no queremos empezar nada si no tenemos la absoluta certeza de que va a ser algo grande y fantástico, algo que la gente vea y se maraville.

El problema del perfeccionismo es que es un arma de doble filo. Nos empuja a dejarnos la piel en cada cosa que hacemos para que salga perfecto, peor por otro lado somos conscientes de que no existe nada perfecto, así ni siquiera lo intentamos. La manera en que trato de combatir ese perfeccionismo que me frena a veces es pensando en toda mi carrera como una maratón, entendiendo que cada pequeño proyecto no tiene porqué dar resultados inmediatos. Probablemente la mejor manera de hacer frente al perfeccionismo sea la paciencia.

La segunda barrera de la que quiero hablar es del miedo al qué dirán; y esto se puede aplicar a infinitas facetas del artista. En mi caso, como reportero, eso se traduce en miedo a realizar una historia que ya se ha hecho antes. Es una respuesta que recibimos mucho, cuando tenemos una idea que nos gusta para una historia y alguien nos contesta: “Eso ya se ha hecho”, como invitándonos a no perder nuestro tiempo con ello y a localizar nuestros esfuerzos en otra cosa.

Es cierto que resulta muy difícil trabajar en una historia, que ya se ha hecho con anterioridad, desde un punto de vista de diferente. Sin embargo, cuando alguien me dice que algo ya se ha hecho, siempre contesto: “Vale, pero no por mi”. No es que haya que adoptar una actitud de perdona vidas, pero es que cada fotógrafo tiene una visión muy distinta de cada cosa y eso queda plasmado en sus fotografías.

En general, diría que la mejor manera de combatir el miedo que nos inmoviliza es cogiendo la cámara y saliendo a la calle a fotografiar. A nivel personal, el sonido del obturador combinado con el chute de adrenalina que experimento cuando capturo una buena fotografía, esa es la mejor terapia. Y a partir de ahora, cuando crea que mi trabajo o mis ideas no es lo bastante buenos, pensaré que, al fin y al cabo, Picasso también dibujó un culo.

Last modified: 22 septiembre, 2017

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