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Bofill convierte una fábrica abandonada en una casa de lujo

Por: | Arte & Diseño, Portada

La casa de tus sueños puede estar en el lugar más insospechado. Para el arquitecto Ricardo Bofill se encontraba en una vieja fábrica de cemento catalana abandonada con la que se cruzó en los años setenta del siglo XX. Apenas la vio e indagó un poco por sus polvorientas y destartaladas salas, tomadas muchas de ellas por la maleza, supo que podía reconvertir aquel viejo complejo industrial en un hogar, por lo que decidió comprarla e ir reformándola poco a poco.

Bofill explica que su fabrica de cemento es muy particular, puesto que no fue construida de una vez, sino que se le fueron añadiendo elementos conforme la producción y los medios técnicos avanzaban de una forma aleatoria y de lo más llamativa. “Había surrealismo en escaleras que no llevaban a ninguna parte, espacios enormes pero inútiles y de proporciones extrañas que encerraban magia debido a su tensión y desproporción, brutalismo en el abrupto tratamiento y las cualidades escultóricas de los materiales”, explica.

Así, las contradicciones y las ambigüedades del lugar, sumadas a las diferentes tendencias visuales y estéticas que había ido acumulando a lo largo de sus años de funcionamiento desde la Primera Guerra Mundial, sedujeron al arquitecto.

Tras adquirirla, Bofill comenzó a reformar sus enormes espacios, conservando siempre la estética industrial de la fábrica y el surrealismo que tanto le atrajo, y la convirtió en un hogar de salas diáfanas, grandes ventanales que inundan los espacios de luz y altos techos, en los que los pilares y los muros siguen siendo de cemento bruto y ladrillo vivo, vestigios de la vida anterior del edificio.

De esta forma, Bofill transformó un complejo abandonado, destartalado y en riesgo de derrumbe en una casa de lujo de enormes proporciones, tan amplia que algunos de sus espacios también le sirven de estudio para su equipo de arquitectos y otros de salas de conferencias y exposiciones.

La magia del lugar la completa el exterior de la antigua fábrica. Su fachada, que también conserva su estética original, ha sido dotada de plantas trepadoras que, sumadas a la altura y verticalidad de sus muros, recuerdan a los míticos jardines colgantes de Babilonia. Además, todo el complejo está rodeado por amplios espacios verdes en los que crecen eucaliptos, palmeras, olivos y ciruelos.

Pese a que Bofill adquirió y reformó la vieja fábrica de cemento en los años setenta, ha estado desarrollando nuevos espacios a lo largo de estos casi cincuenta años y, aún hoy, su proyecto más personal sigue inacabado.

Last modified: 24 abril, 2019

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