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Casas flotantes, ¿el futuro de la arquitectura?

Con la población mundial concentrándose sobre todo en las grandes urbes repartidas por todo el planeta, las soluciones de vivienda se ven desbordadas. En grandes áreas metropolitanas, como la ciudad de Nueva York, se ha optado por la verticalidad, altísimos edificios que parecen desafiar a aquellos que viven por debajo, en un clarísimo ejemplo de que la lucha de clases sigue siendo una realidad. Otras ciudades, como Londres, han optado por expandirse cubriendo la superficie máxima posible, en grandes bloques de viviendas de ladrillo. Sin embargo, un grupo de arquitectos propone una solución alternativa: vivir en el mar.

Dicho de esta manera suena un poco a locura, de manera que hagamos algunas matizaciones al respecto. Un estudio de arquitectos de Holanda, llamado WaterstudioNL, está trabajando en una idea para diseñar ciudades asentadas sobre el agua. La premisa es ofrecer una solución de vivienda que no sólo ponga fin al problema de habitabilidad en las ciudades, sino que ofrezca también una alternativa más segura para ciudades que se encuentran al lado del agua.

La propuesta nace de la necesidad de crear un entorno de vivienda sostenible en un contexto de cambio climático. Ya se encuentran ejemplos de casas flotantes en Londres o en Holanda, pero estos diseñadores quieren darle una vuelta de tuerca al concepto y llevarlo más allá.

La principal consecuencia del cambio climático es la fusión de los casquetes polares debido al aumento de la temperatura del planeta. Esto provoca una subida drástica del nivel del mar, que a su vez se traduce en inundaciones cada vez más regulares en las ciudades y poblaciones situadas cerca de una gran masa de agua. La propuesta parece, en principio, sencilla. Utilizar tecnología de flotabilidad para conseguir que los edificios suban y bajen con las mareas, manteniendo a salvo a las personas que viven dentro.

Si ese es el primer paso, el segundo sería comenzar a construir ciudades enteras sobre el agua, con la capacidad no sólo de flotar sobre ella, sino también de moverse por ella como lo haría un barco. Propulsada por unas turbinas, el inquilino se pondría al timón de una casa para poder moverse por el agua y cambiar su ubicación.

Hasta aquí la parte optimista de la idea, pero con algo así es inevitable darse de bruces con la realidad. El ser humano parece estar cableado para no respetar el entorno en el que vive, sino que lo desgasta y exprime hasta la extenuación. Aun no hemos empezado a vivir sobre el agua y ya tenemos islas de basura flotante en mitad del océano. Además, mover tu casa de un lado a otro no parece estar adaptado al sistema de propiedad privada que tenemos, que en la práctica se traduce en vallas y muros; en definitiva se trata de delimitar lo que es nuestro y hacer que los demás lo sepan. Por último, no ayuda a romper la brecha económica entre clases, pues los únicas que podrían permitirse estos ingenios tecnológicos serían las grandes fortunas de la sociedad. Debemos preguntarnos, pues, si es esta la solución que estamos buscando a los problemas del cambio climática y la desigualdad social, o si es sólo otra excusa para construir apartamentos de lujo colonizando el mar.

Last modified: 24 enero, 2018

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