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El costumbrismo de Vieitez para volver a la realidad

Siendo la contraposición de las figuras del fotógrafo aficionado y del profesional debate añejo, quisiera reflotar la controversia  sobre el amateurismo en la fotografía, pintándola con los colores de la espontaneidad y la sencillez como pilares de la fotografía documental de hace medio siglo, enfrentándola con el aficionado actual, que en parte busca gustar a una audiencia global.

Virxilio Vieitez no pareció dudar sobre cuál era el objetivo de su labor como fotógrafo, y eso que era gallego. Su uso de la fotografía, como queda recogido en el libro 50 fotografías con historia, era el que sus clientes quisieran darle; y en los años 50, cuando comenzó a ejercer este oficio, consistía en retratar con sencillez y honestidad.

Su andadura como fotógrafo comenzó en la Costa Brava, donde retrataba turistas. Más adelante, en 1955, regresó a Galicia para abrir un estudio fotográfico en su pueblo natal. Por su objetivo pasaron varias generaciones que en conjunto muestran un retrato valiosísimo de la época.

Observando la obra de Vieitez, el primer apelativo que me viene a la cabeza es costumbrista, siendo el retrato el eje central de sus fotografías. Su mirada fue la del fotógrafo aficionado, incluso cuando estaba realizando un encargo remunerado, una mirada que no ha sido contaminada por las distintas corrientes de la cultura visual y que se muestra fresca y espontánea detrás de la cámara.

A pesar de haber defendido siempre la idea de que la honestidad en una fotografía no debería estar reñida con el factor estético, he de reconocer que haber leído la historia narrada en el libro, y después de haber estudiado la obra de Vieitez, cambia un poco mi perspectiva. ¿Puede ser que en esa búsqueda de querer ofrecer algo visualmente bello y espectacular, hayamos perdido de vista el componente de realidad en la fotografía documental actual?

En la obra, se diferencia al aficionado del profesional en función de su motivación; pero, como todo, hay que entender esto dentro de un contexto temporal muy concreto. A día de hoy esa diferenciación parece estar desfasada, pues el aficionado ya no busca sólo fotografiar lo que le interesa únicamente a él, sino que quiere darle el look del profesional que crea imágenes para satisfacer la demanda de un servicio. La motivación personal pasa a consistir en producir imágenes que gusten a otros.

Mientras que hace medio siglo era posible una forma de fotografía más visceral, espontánea y lejos de la contaminación de otras expresiones artísticas como el cine; hoy algo así parece imposible, pues se ha puesto empeño en emular con medios sencillos a grandes producciones artísticas. El aficionado de ahora no es el aficionado de antes, y esa chispa de frescura y sencillez de la que hacía gala la fotografía costumbrista, convertida en la máxima expresión de la honestidad a la hora de captar la realidad en una foto, parece haber mermado en favor de una fotografía que se esfuerza en parecer real y espectacular a la vez, para acabar convertida en algo artificial.

Tal vez sea necesario volver a una forma de fotografía más sencilla, primitiva si se quiere, para encontrar de nuevo ese componente de realidad que Virxilio Vieitez captó en su obra sin otra motivación que la de conseguir que la representación en papel de una persona, sin grandes juegos de luces ni efectos, realmente se pareciera a esa persona.

Last modified: 15 noviembre, 2017

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