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El adiós de Ennio Morricone al cine

Las despedidas siempre suelen estar cargadas de nostalgia. En especial aquellas que sabemos definitivas, sin vuelta atrás, como la que ha anunciado el compositor Ennio Morricone a sus 90 años tras toda una vida dedicada a la música. Y por eso mismo, por ese sentimiento de pérdida irremediable entremezclado con el recuerdo de sus grandes obras, es probable que fuese el propio músico italiano el que mejor supiese acompañar instrumentalmente su retirada.

Porque si algo ha sabido evocar a la perfección Ennio Morricone en el espectador con su música es la nostalgia. Es cierto que reducir el genio del compositor italiano, con más de 500 bandas sonoras de películas y series de todos los géneros a sus espaldas, a este apartado puede resultar casi un agravio a algunas de sus composiciones más memorables, como las de Por un puñado de dólares, Los intocables de Elliot Ness o Los odiosos ocho. Pero es en películas como Malena o Cinema Paradiso donde sus notas logran eclipsar por momentos a las imágenes que vemos en la pantalla y transportarnos, cabalgando sobre la melancolía de sus acordes, a nuestros propios recuerdos. Y esa conexión con el espectador a un nivel tan íntimo, tan humano, es el mayor logro que un artista puede conseguir con su obra.

No obstante, también es cierto que el poder de un sentimiento como la nostalgia puede tergiversar nuestra percepción. Porque la mayor virtud que ha tenido Ennio Morricone a lo largo de su carrera como compositor de cine ha sido la de captar a la perfección la esencia de las películas en las que ha trabajado, transformar el guion en música y convertir sus bandas sonoras en el complemento imprescindible, a veces incluso en coprotagonista, de las cintas para las que fueron hechas. Porque, ¿no quedarían horriblemente mutiladas Por un puñado de dólares o El bueno, el feo y el malo, entre tantas otras,sin el ritmo trepidante que le imprimen los acordes del compositor romano? Y, por supuesto, eso mismo hizo en las producciones en la que la historia gira en torno al pasado, el tiempo y la nostalgia.

Sin embargo, el inconmensurable talento mostrado para la composición en el cine es solo la cara más visible de Morricone, pero hay más. El músico italiano es autor de más de cien piezas clásicas y también se dedicó a la música popular para cantantes como Rita Pavone, programas de televisión y discográficas. Éstas últimas fueron sus primeras experiencias profesionales, las cuales le dieron a su preparación clásica el toque popular que ha acercado su música al gran público, según aseguraba el propio compositor en una entrevista para El País.

Así, Ennio Morricone lleva dedicándose profesionalmente a la música desde hace más de 70 años, pues sus primeros trabajos entre partituras datan de los años 50 del siglo XX. Sin embargo, su relación con la música se remonta a su más tierna infancia. Hijo del trompetista Mario Morricone, quien pronto supo ver el talento de su hijo, el joven Ennio ya componía a los seis años y a los 12 ingresó en el conservatorio. En 1946, a los 18 años, obtuvo una diplomatura en trompeta y en 1956 obtuvo su diploma en Composición.

Cinco años después de finalizar sus estudios, tras varias experiencias en televisión y discográficas, inició oficialmente su carrera como compositor de cine en Il federale, deLuciano Salce. Tan solo tres años después, en 1964, le llegaría la fama mundial de la mano de Sergio Leone, quien le encargó componer la banda sonora de Por un puñado de dólares. Con el mítico realizador del spaghetti western realizaría muchas otras bandas sonoras, entre ellas las de las cintas que completan la conocida como la Trilogía del dólar: La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo.

El fulgurante éxito de las películas de Leone le granjearían la estima de otros grandes directores internacionales, que empezaron a llamar a su puerta a partir de ese momento. Así, Morricone ha creado bandas sonoras en los últimos sesenta años para realizadores de la talla de Pier Paolo Pasolini, Bernardo Bertolucci, Giuseppe Tornatore, Brian De Palma, Roman Polanski o Quentin Tarantino, entre otros.

Esta dilatada y exitosa trayectoria en el cine le ha granjeado innumerables reconocimientos como tres Globos de Oro, seis BAFTA, dos Grammys, un León de Oro y dos Oscars. Con estos últimos, los más prestigiosos del cine mundial, tuvo una relación tortuosa hasta 2006, pues estuvo nominado hasta en cinco ocasiones al galardón de Mejor Banda Sonora – por Days of Heaven (1978), La misión (1986), Los intocables de Eliott Ness (1987), Bugsy (1991) y Malena (2000)- sin ganarlo. En aquel año la Academia le concedió el Oscar honorífico por su trayectoria y, curiosamente, diez años después, en 2016, obtendría su segunda estatuilla por la música de Los odiosos ocho.

Ahora, el genio nos deja el silencio como banda sonora de su futuro, pero su música inmortal siempre resonará en nuestro recuerdo con los acordes melancólicos de la nostalgia.

Last modified: 16 enero, 2019

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