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Fotografía para transmitir tradiciones

A nivel internacional sobran ejemplos de trabajos fotográficos cuyo objetivo ha sido transmitir unas determinadas tradiciones a una audiencia más amplia; y en España no vamos a la zaga. La fotografía ha sido, desde su invención, un magnífico vehículo transmisor de realidades y tradiciones, ya fueran lejanas o cercanas. En el artículo de hoy hablamos este uso de la fotografía a través de los trabajos de dos grandes fotógrafas españolas: Isabel Muñoz y Cristina García Rodero.

Decía Isabel Muñoz durante una reciente entrevista con Signo editores Numen que las tradiciones “nos interesan un poco a todos”, porque constituyen toda esa “parte romántica y mágica transmitida por aquellos que ya nos han dejado”. Esta reflexión, conecta perfectamente con el uso de la fotografía entendida como un soporte de memoria.

Fotografía de Isabel Muñoz

Sin duda, el carácter perenne de las fotografías —o casi perenne, ya que tanto los negativos, como las copias en papel fotosensible, como incluso los archivos digitales son susceptibles de verse afectados por el deterioro del tiempo— ha hecho de esta disciplina uno de los vehículos modernos más fiables para transmitir las tradiciones. Aun así no es algo nuevo, la fotografía al fin y al cabo no hizo sino tomar el relevo de la pintura, que ya había comenzado a registrar las tradiciones en las paredes de las cuevas usando las manos y unos pocos pigmentos.

Sin embargo, sería pecar de una visión limitada entender la fotografía como algo únicamente ligado a la memoria pasada, pues no solo tiene la capacidad de estrechar brechas temporales sino también espaciales, esto es, acercar realidades alejadas en el espacio pero en tiempo presente. Incluso cuando esas realidades no están más lejos de Galicia o de Teruel. Fue este último el caso de Cristina García Rodero, que en su “España Oculta” plasmó las tradiciones festivas de nuestro país, gran parte de ellas íntimamente relacionadas con la religión.

La España oculta, Cristina García Rodero

Supongo que es posible afirmar, aunque siempre dejando una puerta abierta a la revisión, que en el uso de la fotografía como vehículo transmisor de las tradiciones se pueden encontrar dos fases: Una primera fase, espacial, en la que se salva una brecha geográfica y se acercan estas tradiciones a otras culturas en tiempo real; y por otro lado, una fase temporal, en la que la fotografía goza ya del estatus de memoria y que sirve para conservar esas tradiciones pasadas en el tiempo para transmitirlas a futuras generaciones.

Last modified: 17 noviembre, 2017

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