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Fotografiar en film, reflexiones tras un mes de apagón digital

Por: | Fotografía, Portada

Las resoluciones de año nuevo están bien, cumplirlas está aún mejor. A finales del pasado diciembre decidí comenzar un proyecto fotográfico nuevo que sirviera también como reto. El desafío pasaba por utilizar solo película fotográfica de medio formato, disparada con una cámara de hace casi 30 años. Un mes después, digamos que el reto se me ha ido de las manos y que en el último mes mi cámara digital se ha quedado guardada en su funda. Lo bonito de trabajar en película es poder re-aprender fotografía desde cero y abrazar la —en ocasiones— impredictibilidad del film con respecto a la apuesta segura del digital. A continuación os presento cinco reflexiones sobre esta experiencia cien por cien analógica.

Solo sé que no sé nada

Sí lo decía Sócrates, será verdad. Tampoco hay que tomárselo al pie de la letra, evidentemente cuantos más años dedicas a la profesión fotográfica más conocimiento acumulas. Sin embargo, fotografiar en película es realmente diferente a fotografiar en digital, requiere una mayor flexibilidad para aceptar que los resultados no son tan regulares y predecibles como cuando se fotografía con un sensor. De esta manera, descubrí que era una buena idea olvidarme de todo lo que sabía sobre la fotografía y aprender desde cero el método químico.

Hay muchas emulsiones y todas dan resultados distintos

Es necesario conocerlas, incluso un mismo film te puede dar resultados distintos cuando se usa en diferentes ocasiones. Es necesario aprender cómo el tipo de luz que tienes delante influye en la película que estás utilizando. Las películas en color tienen fama de ser mucho más complicadas que las de blanco y negro, pero estas últimas también tienen sus complejidades. Unas tienen un grano más clásico, otras uno más fino; más contraste, menos contraste… Cuál elegimos depende sobre todo de la atmósfera que se quiera crear y del sentimiento que queramos despertar en nuestro público objetivo.

El flujo de trabajo tiene muchos más pasos y hay que aprenderlos

En digital todo es muy sencillo: Descargar las imágenes, software de procesado, exportación de la imagen. Muy directo. En película la cosa se complica. El proceso empieza con la toma —evidentemente— pero luego hay que pasar por el revelado, el secado, el archivado de los negativos, la digitalización para crear copias de seguridad… Y entonces hay que elegir el soporte final. ¿Las imágenes se van a publicar en Internet o se van a vender copias? Si vendo copias, ¿quiero que sean ampliaciones procesadas en un cuarto oscuro o, por el contrario, quiero imprimir en un plóter a partir de un archivo digital? Fotografiar en película supone la duplicación de los procesos de organización y archivado, pues estaremos generando un archivo físico y otro digital. Aunque muchos fotógrafos prefieren utilizar servicios de revelado y digitalización externos, así como solicitar las ampliaciones a un laboratorio, es bueno que, al menos al principio, nos involucremos en todos los pasos de este proceso para aprender de ellos.

En postproducción, cuanto más plano, mejor

Este punto se refiere a dos partes importantísimas del flujo de trabajo en fotografía química: El revelado y el escaneado de los negativos. En este sentido, hay una noción básica que se ha de aprender desde el principio: El contraste siempre se puede añadir, pero es muy difícil de minimizar. Esto quiere decir que, cuando trabajemos con las imágenes, añadir contraste es fácil y no hace perder calidad a la imagen, pero restarlo ya es otra historia. Es por eso que el objetivo cuando se trabaje con película será conseguir un contraste moderado o bajo para luego trabajar mejor en postproducción.

En la fase de revelado, el contraste del negativo se controla con el agitado del tanque de revelado. Cuanto más se agita, más contraste se genera. Cada película actúa distinto según el revelador que usemos, así que el proceso de aprendizaje será largo y requerirá mucho ensayo y error. Para lograr un negativo de bajo contraste que retenga la mayor cantidad posible de detalles, lo mejor es optar por una intensidad baja de agitado y pocas repeticiones. En mi caso, la técnica que me funciona mejor es rotar el tanque con cuidado tres veces al principio de cada minuto durante el tiempo de revelado.

Una vez hecho revelado, pasamos a la digitalización. Cuánto podamos trabajar con la imagen en la digitalización dependerá de lo bien que hayamos ejecutado el revelado. Los escáneres no hacen magia, si no hemos controlado el contraste durante el revelado de la manera apropiada, no podremos tener mucho margen durante el escaneado. Dicho esto, lo mejor potenciar aun más el look plano de la imagen y grabar los archivos en formato TIFF. Después pasaremos a Photoshop o Lightroom para comenzar el procesado.

La paciencia no es una virtud, sino un requisito

Nunca podremos comprobar los resultados de nuestro trabajo con tanta rapidez como con una cámara digital, pues, como ya hemos visto, el proceso es mucho más largo en analógico hasta poder ver nuestras fotografías. Sin embargo esto puede ser bueno. Nos obliga a seguir disparando aunque pensemos que tenemos la foto buena. Además, es aconsejable dejar pasar un tiempo desde que se toma una fotografía hasta que se ve postivada. El tiempo pone las cosas en su sitio y nos aporta perspectiva y una mayor objetividad a la hora de juzgar una imagen. La paciencia se verá recompensada.

Last modified: 6 febrero, 2018

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