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Parece una contradicción, pero no lo es. Considerado como un proceso experimental dentro de la práctica fotográfica, la fotografía hecha con escáneres no tiene un gran número de seguidores, pero sí consigue despertar una buena dosis de curiosidad por el medio y por una manera diferente de aproximarse a este arte.

Me estoy imaginando la cara que de más de uno cuando lean el titular, más aun cuando lean el objeto utilizado para sustituir a la cámara: “¿Un escáner? ¡Vaya majadería!”. Bien pudiera parecer una práctica poco común nacida de la excentricidad de algún fotógrafo empeñado en ser el más alternativo de todos, pero también supone una manera de entender la fotografía cuando menos curiosa.

En el campo de la fotografía con escáneres —o “scanography”, como se la bautizó en inglés, y que más tarde quedaría traducida como “escanografía” en nuestro idioma— no haca falta que nos vayamos muy lejos en el mapa para encontrar nombres reconocidos que hayan invertido tiempo, esfuerzo y talento en este proceso alternativo. En España contaríamos pues con el ejemplo de Luis Castelo.

Para Castelo, la fotografía vino de una manera extraña. Ayudante de su padre en su taller de taxidermia, se pasó su infancia recreando y “devolviendo a la vida” —aunque de un modo estático— animales muertos. Probablemente fuera esta faceta, la de inmortalizar algo que ya ha pasado en el tiempo, lo que empujó a Castelo a comenzar a experimentar con los escáneres y los objetos tridimensionales.

La tecnología de las cámaras digitales había avanzado mucho desde su invención en 1975, pero aún era muy costosa económicamente. El escáner ofreció a Castelo una manera de inmortalizar a aquellos animales disecados a una altísima resolución. El proceso, sin embargo, no era sencillo, en especial cuando se trataba de objetos tridimensionales de gran tamaño.

Hacer composiciones florales parecía más sencillo, pero con animales se veía obligado a escanearlos por partes y luego juntarlos en un software de edición. Esto entrañaba una dificultad adicional, tenía que buscar la coherencia en la colocación de las distintas partes antes de poder escanearlas, pero que una vez en el software de postproducción no hubiera discrepancias en la luz, las proporciones y los tamaños.

Tal vez hoy en día se pueda considerar un proceso —indudablemente alternativo— innecesariamente costoso y complejo par conseguir algo que se puede conseguir con una cámara digital, un par de luces y un fondo negro; pero para el artista nada de eso tiene que ver con el motivo de escoger este u otro proceso de captura, pues es el viaje, ese mismo proceso, el que da valor y sentido a la imagen representada.

Last modified: 19 diciembre, 2017

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