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Goma bicromatada, para fotógrafos retro

Por: | Fotografía, Portada

El amor por lo vintage lleva ya muchos años siendo vox populi, o quizás siempre lo hubo y nunca llegó a desaparecer—los jóvenes siempre pensamos que lo hemos inventado todo. Uno de los aspectos de esta obsesión por aquello de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, o “ya no se hacen las cosas como se hacían antes”, atañe a la fotografía. Si bien es posible que con la migración digital su práctica se convirtiera en algo anecdótico, los procesados alternativos están volviendo a ponerse de moda, ofreciendo una experiencia mucho más reposada y artesanal que el medio digital.

Mediados del siglo XIX. Un joven químico francés llamado Louis-Alphonse Poitevin, tras estudiar los efectos de la decoloración en las imágenes fotográficas, inventa en 1855 un método para realizar reproducciones fotográficas utilizando goma arábiga y pigmentos solubles en agua, como la acuarela o la tinta. Esta técnica permitía la coloración de las fotografías, ya fuera con un solo color o con varios, pues también se podían realizar las exposiciones por capas para hacer una coloración selectiva. Quizás no sea tan sencillo como hacer selecciones y duplicar capas en Adobe Photoshop, pero la goma bicromatada precedió a la aparición del pictorialismo fotográfico.

Sin duda parecían cuadros. Utilizar goma arábiga eliminaba automáticamente la posibilidad de obtener un alto nivel de detalle. Quien haya mirado de cerca un lienzo, se habrá dado cuenta de que carece de detalle. Pero donde es pobre en detalle, la goma bicromatada abunda en textura. Es por esto que, para emular las pinturas de los grandes maestros, se utilizaban todo tipo de materiales, como lienzos o telas —donde la textura porosa daría un look orgánico a la imagen—, además de papel, que normalmente era de algodón.

El proceso no es rápido, requiere mucha paciencia y también pericia, pues las emulsiones fotosensibles se tienen que preparar desde cero. El primer paso es sumergir la superficie de impresión en una solución gelatinosa, que impermeabiliza el papel. Después se procede a la aplicación de la emulsión con goma arábiga —que previamente se ha mezclado con el pigmento deseado. Al exponerse a la luz, la goma arábiga se endurece y retiene el color. Las partes que no se han expuesto, pueden lavarse con agua, perdiendo el pigmento y abriendo una puerta a añadir más capas de emulsión con un color distinto una vez que la primera se ha secado por completo.

En España, la goma bicromatada tuvo su momento culminante en las primeras décadas del siglo XX, siendo Tomás de Acillona (Getxo, 1893 – Biarritz, 1957) el nombre al que se asocia esta técnica en nuestro país. Su trabajo recoge más de mil pruebas e impresiones en 20 años, entre las cuales destacaban el retrato, el paisaje y la escena costumbrista. Su pasión por esta técnica lo llevo a un dominio casi absoluto de los materiales y de los procesos químicos que requería; motivo por el que ahora, como parte de la sección oficial de PHotoEspaña 2018, ha recibido una exposición monográfica en el Museo Nacional del Romanticismo que estará abierta hasta el próximo 23 de septiembre.

Last modified: 27 junio, 2018

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