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Hal Ashby

Hal Ashby, el genio del cine olvidado por Hollywood

El éxito es un amante caprichoso. Llega seducido por un momento de lucidez y solo permanece a tu lado si eres capaz de seguir brillando con la intensidad que lo deslumbró en aquel instante primero. Ese carácter voluble es especialmente cambiante en un mundo del arte tomado por la industria, en el que solo en contadas ocasiones unas pocas obras sirven para encumbrar a un artista de por vida. El mercado siempre necesitará más música que escuchar, nuevos libros que leer, otras películas que consumir, y quien tenga el infortunio de tropezar en esa carrera de fondo puede pagar el altísimo precio del olvido.

Ese fue el caso de Hal Ashby, uno de los cineastas más talentosos de la década de los 70 que maravilló con sus películas contraculturales a sus contemporáneos para desaparecer de la escena a partir de los 80. Sus cintas exploraban las nuevas realidades de la sociedad norteamericana de su tiempo de una forma descarnada a veces, libre de las ataduras del decoro, y desde la sátira en otras ocasiones, una combinación de temas y abordajes novedosos que fueron muy bien acogidos en los inicios de ese renacer de la industria del cine estadounidense conocida como ‘New Hollywood’.

De esta forma, Ashby compartió protagonismo con directores hoy míticos como Francis Ford Coppola, Steven Spielberg o Martin Scorsese, entre otros, pero a diferencia de estos su estrella se fue apagando en la década de los 80 al mismo tiempo que las creaciones contraculturales del ‘New Hollywood’ iban perdiendo fuelle entre el público e interés entre los productores. Hasta que, finalmente, su luz se extinguió por completo junto con su vida en 1988, año en el que murió a causa de un cáncer de páncreas.

La de los 70 fue, sin lugar a dudas, la década de Ashby. Entre 1970 y 1979 estrenó cinco películas que le encumbraron como uno de los mejores directores del ‘New Hollywood’. Pero, a diferencia de muchos de sus compañeros de profesión, Ashby no supo encajar bien el cambio que experimentó la industria a inicios de los 80, con producciones mucho más comerciales, ni tuvo tiempo vital para reinventarse en los 90 como hicieron Scorsese o Robert Altman, quienes tampoco cosecharon grandes éxitos de taquilla en aquellos años pese a la calidad cinematográfica de sus cintas.  

Películas

El éxito efímero de Ashby se debió, probablemente, a que tuvo el acierto de contar nuevas historias con un fuerte componente humano en una época en la que el terreno social estaba abonado para ello por la cultura hippie y sus nuevos valores. Sus filmes hablaban de amor y paz, de clases y razas, de amistad y de guerra.

En su primera película, The Landlord (1970) indagó en las relaciones sociales y la gentrificación que comenzaba a darse en las grandes ciudades de Estados Unidos. Su segunda y controvertida producción, Harold and Maude (1971), narraba la historia de amor entre una mujer de 80 años y un hombre de 20. En Shampoo (1975) satirizó las costumbres sexuales de Los Ángeles a través de la vida de un estilista promiscuo.

Tras estos tres filmes llegó el de mayor éxito comercial de su carrera, Coming Home (1978), protagonizado por Jane Fonda y Jon Voight, en el que trata las terribles consecuencias de la Guerra de Vietnam entre los jóvenes norteamericanos que se vieron obligados a luchar en ella al tiempo que desarrolla una historia de amor entre sus protagonistas. La última película que estrenó en los 70 fue Being There (1979), una comedia dramática en la que un jardinero analfabeto consigue hacerse pasar por un gran político.

Década de los 80

El éxito comercial de sus últimas películas hizo que la excentricidad de Ashby fuese en aumento en sus producciones al tiempo que la industria demandaba todo lo contrario. De esta forma, sus siguientes cintas, Second-Hand Hearts (1981) y Lookin’ to Get Out (1982) fueron sendos fracasos tanto de crítica como de taquilla y marcaron el inicio del ocaso del director.

Tras aquello rodó un documental sobre los Rolling Stones, Let’s Spend the Night Together, durante el cual sufrió un derrame cerebral que le acarreó problemas de salud con posterioridad. Después de terminar la cinta sobre la banda de rock británica, su carrera entró definitivamente en barrena con dos nuevos fracasos de taquilla y crítica, The Slugger’s Wife (1985) y 8 millones de maneras de morir (1986).

La última producción en la que participó antes de morir fue en el rodaje del capítulo piloto de la serie Jake’s Jurney, creado, coescrito y protagonizado por el miembro de Monty Python Graham Chapman.

Olvido y recuperación

La decadencia profesional que vivió al final de su existencia fue la culpable de que su nombre cayese en el olvido. Expertos y grandes aficionados siguieron conservando y elogiando sus mejores cintas, pero al gran público se le olvidó el nombre de Hal Ashby, ese director excéntrico y hippie al que los ochenta destruyeron profesional y vitalmente.

Así, Ashby pasó a convertirse en un director de culto para gente del mundo del cine y estudiantes del séptimo arte y un completo desconocido para el resto. Hasta que la directora Amy Scott decidió rescatar su historia a través de un documental denominado Hal, director de culto, que se estrenó en 2018. En la cinta son muchos los compañeros de profesión, actores y amigos que hablan de su relación con él y de cómo el cine que le había abrazado le acabó ahogando. “Ellos no le respetaron, y eso le mató”, señala la intérprete Rosana Arquette al final de la cinta.

Last modified: 22 marzo, 2019

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