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Hula, arte callejero sobre una tabla de surf

Las pinturas y murales callejeros han adquirido desde hace tiempo entidad propia en el mundo del arte. Ya casi nadie los ve como un acto vandálico que ensucian las paredes de las ciudades, sino como auténticas obras pictóricas que embellecen y enriquecen los entornos donde proliferan.

En este nuevo concepto de arte al aire libre son muchas las obras que destacan por su belleza, calidad y ubicación, un aspecto este último muy importante en las creaciones callejeras. Y es que la localización puede decir casi tanto en el discurso conceptual de la obra como los trazos y las imágenes que la componen.

Este es el caso de las creaciones de Hula, un artista callejero que pinta murales cerca de zonas con agua, o sobre el mismo nivel del mar, ayudado por su inseparable tabla de surf. Este creador hawaiano toma los muros de rompeolas, puentes y paseos marítimos y los convierte en el lienzo de un arte, el suyo, que a veces solo se aprecia con la marea baja.

Las figuras femeninas son las protagonistas indiscutibles de sus murales, ya que “cuando se trabaja en la naturaleza es habitual usar a las mujeres como sujetos. El clásico cliché de la Madre Naturaleza en el que me encanta el equilibrio de belleza y misterio que la estética general tiene con cada entorno diferente”, explica Hula en una entrevista en Traveler.

Porque la obra de Hula, además de la gran potencia visual que le confiere el entorno en el que se desarrolla, tiene un profundo mensaje detrás. Sus creaciones hablan de la naturaleza y de su sostenibilidad, de la importancia de cuidar el entorno en el que vivimos. Por eso uno de sus murales más conocidos fue realizado sobre un iceberg en la Antártida, con la intención de crear conciencia sobre el calentamiento global. Conforme el hielo sobre el que estaba la pintura se fuese derritiendo, su obra también desaparecería.

Una obra efímera

El artista hawaiano ha tenido que hacer frente a innumerables retos para poder plasmar su arte en entornos tan complejos. Sin embargo, el principal escollo que tuvo que superar fue mental, pues desde el principio fue consciente del carácter fugaz de su obra, condenada a desaparecer no solo por la acción de la naturaleza, sino también por el uso de materiales biodegradables que no dañasen al medioambiente.

Hula confiesa que ese carácter efímero de su obra le agobiaba al principio, pero poco a poco fue aceptándolo y acabó por ver el lado bueno de la desaparición de sus creaciones: “Una vez dejé de lado el aspecto permanente, me di cuenta de que se sentía libertad al saber que mi obra de arte tendría esta vida temporal”.

Ese carácter fugaz es parte de la magia de este artista, aunque sus murales nunca se pierden del todo gracias a su hermano gemelo, que se encarga de documentarlos con su cámara de fotos y compartirlos en su cuenta de Instagram.

Last modified: 20 mayo, 2019

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