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Igor Kostin, el fotógrafo del desastre nuclear de Chernóbil

Por: | Audiovisual

La serie sobre el desastre nuclear de Chernóbil ha irrumpido con fuerza en el panorama audiovisual, hasta tal punto que ha sido capaz de empañar, en cierta medida, el final de la producción más exitosa de la última década, Juego de Tronos, con su enorme repercusión.

Y lo cierto es que lo merece, puesto que Chernobyl ha sabido transmitir la crudeza de un accidente que pudo condenar a la desaparición a toda Europa sin perder en ningún momento la tensión argumental, tan necesaria en una producción que, al fin y al cabo, está pensada para el entretenimiento, y tan difícil de lograr cuando en el cóctel hay que añadir, por fuerza, arduas explicaciones técnicas sobre lo ocurrido en el reactor número 4 de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin.

Parte de culpa de ese éxito lo tiene Svetlana Aleksiévich, la escritora bielorrusa Premio Nobel de Literatura que recopiló decenas de testimonios de las víctimas del desastre en su libro Voces de Chernobyl, en cuyas páginas están inspiradas muchas de las historias de la miniserie de HBO. Otro de los culpables es, sin duda, Igor Kostin, el fotógrafo que plasmó la verdad de un desastre que la URSS quiso ocultar.

Cuando sucedió el accidente Kostin trabajaba para la agencia de noticias Novosti, que le envió a la zona de inmediato. El reportero, con experiencia en conflictos bélicos como Vietnam o Afganistán, debió pensar que el incendio en una central eléctrica sería un juego de niños. No podía imaginar que el suceso que estaba a punto de cubrir cambiaría el curso de su vida y le condenaría a innumerables sufrimientos por el resto de sus días.  

El azar quiso que Kostin fuese el primer fotógrafo en ser enviado al desastre, y el único que estuvo en el lugar de los hechos al día siguiente de la explosión. Gracias a eso pudo tomar varias fotografías aéreas, desde un helicóptero, del reactor número 4 destrozado, exponiéndose a la enorme radiación que emanaba de él como tantos otros que desconocían el veneno que flotaba en el ambiente.

Aunque el fotógrafo pronto supo una de las consecuencias de los altos niveles de radiación: la mayoría de las fotografías se velaban ante los enormes niveles de radioactividad que emanaban del reactor destruido.

Además de esas imágenes, que dieron la vuelta al mundo, Kostin documentó las labores de control y limpieza de las semanas posteriores a la explosión, ofreciendo a la posteridad unas instantáneas que ilustran la gran tragedia humana del desastre, pues en muchas de ellas se pueden observar la insuficiente protección de los operarios, los trabajos en zonas de radiación extrema y, en definitiva, la inconsciencia programada por la URSS en sus múltiples variables con la que esas personas afrontaban lo que era una condena a muerte en toda regla.

El precio de Chernóbil

El desastre nuclear de Chernóbil tuvo un coste enorme para todos sus protagonistas, y Kostin no fue una excepción. Desde aquel fatídico 26 de abril de 1986 el fotógrafo arrastró las consecuencias de haberse expuesto a la radiación, pese a que esta no fue la que provocó su muerte, pues murió en un accidente de tráfico en 2015, a los 78 años.

Sin embargo, durante los casi 30 años que mediaron entre la explosión y su muerte tuvo que acudir en innumerables ocasiones a hospitales de Kiev, Moscú e Hiroshima a tratar los problemas derivados de la exposición a la radioactividad, y estuvo en tratamiento por este motivo todo lo que le restó de vida.

No obstante, más allá de las consecuencias físicas, la huella más profunda que el desastre nuclear dejó en Kostin fue psicológica: “Durante mi vida he hecho muchos reportajes fotográficos, pero es Chernóbil el que ha hecho de mí otra persona”, admitía en su libro Chernóbil, confesiones de un reportero.

Kostin en la Chernobyl de HBO

A pesar del alto precio que tuvo que pagar, su trabajo en la central nuclear accidentada le granjeó el reconocimiento de sus colegas de todo el mundo e, incluso, se alzó en 1987 con el World Press Photo. Pero, además, esas instantáneas únicas de los momentos posteriores a la explosión y el día a día de los que lucharon contra la radiación en los meses siguientes han servido para recrear el escenario maldito en la Chernobyl de HBO.

La reconstrucción del reactor destruido bebe directamente de sus imágenes áreas, así como las imágenes de los equipos que arrojaban trozos de grafito desde el tejado de la central para frenar la radiación, las personas que rodeaban el lugar del desastre sin apenas protección horas después de la explosión o las salas de aislamiento de las víctimas, plagadas de cortinas de plástico, en los hospitales.

Kostin, además, no se limitó a documentar el desastre y la lucha contra la radiación de los meses posteriores, también se interesó por sus consecuencias a largo plazo en el ecosistema que rodeaba a la central nuclear y en las personas que se vieron afectadas. De esta forma, volvió en varias ocasiones a la zona de exclusión para inmortalizar el paso del tiempo bajo la contaminación y visitó varios centros de afectados por la radioactividad, entre ellos una guardería de niños con malformaciones en Bielorrusia donde tomó imágenes de gran crudeza.

Last modified: 24 junio, 2019

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