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III Certamen de Fotografía Signo editores

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Conversaciones con mamá
por JRobles
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Título:
Conversaciones con mamá

Autor:
JRobles

Tu historia:
En ella está contenido todo y yo siento todo contenido en ella, incluido un viaje de 9 meses en su vientre, interminables quizá alguno de ellos o no, nunca le pregunté si fue un embarazo duro o más bien llevadero. Sin embargo, no hace mucho le pregunté si en aquel momento era un bebé deseado, la respuesta fue clara, después de dar a luz a su tercera hija 6 años antes no quería volver a quedarse embarazada. Reconozco que un poco de angustia me recorrió la garganta y el pecho al escucharla, he oído varias veces que lo que ocurra desde el momento de la concepción hasta el nacimiento afecta posteriormente a la vida de la persona y desde luego que tengo motivos para agarrarme a esa afirmación. Sin embargo, otros dos bebés vinieron durante los 3 años siguientes, sumando ya 7 hijos en total. No sé si en ellos existe esa angustia, apostaría que no. Qué lío de números¡, cómo se las arreglaría en la cocina para 9 personas, comprar ropa y comida para 9, planchar, estar pendiente de nuestros estudios, hacernos la merienda, limpiar el piso a diario, soportar nuestras idas de olla de adolescentes, novios, novias, homosexualidad, ateísmo, cortes de pelo, malas notas, buenas también, primeros viajes, primeras salidas nocturnas, comuniones, cumpleaños, enfermedades, vacunas, colegios, institutos, un marido ausente, un padre ausente. Cuál será la diferencia entre mi madre y las madres jóvenes de mi generación y posteriores, el tiempo quizá y lo que supone hoy en día un año en términos de adelantos y la presión de la libertad. No creo que se planeara siquiera la opción de buscar tiempo libre para dedicárselo a ella, porque tampoco creo que en su ser cupiera la posibilidad de plantearse otras opciones. Con ella siento que han faltado conversaciones, explicaciones de lo que nos ocurría si nos sentíamos mal, diálogos acerca de lo que es esto de la vida, el sexo o el amor. Por mi parte también han faltado algunas cosas, aunque creo que estoy siendo consciente de todo esto desde no hace mucho. Por eso, me he ido obsesionando frecuentemente acerca de cómo podría devolverle todo ese esfuerzo y amor generoso. La respuesta mental fue rápida, es imposible, la respuesta somática volvió a ser la angustia. Un fin de semana que me encontraba incómodo divagando sobre esta cuestión, mi pareja Lolo y yo decidimos invitar a nuestras madres a visitar Alhama de Granada un pueblo precioso y con una historia rica en secretos y cuestiones curiosas e impactantes. Al menos podría dedicarle un día para salir de su casa, entretenerla, pasar tiempo juntos y yo intentar aliviar mi nausea emocional. En este escenario y sin saber muy bien porque empecé a pedirle a mi madre que posara en determinados lugares que me resultaban llamativos para hacer fotografías. Un descampado rodeado de casas y edificios de baja altura magullados, tristes. Una esquina en medio de unas ruinas de piedra construidas varios siglos atrás y un montón de escombros como alfombra y pendiente de una casa a medio caer. Llovía y le pedía que se tapara con el paraguas. Me estaba pareciendo un ejercicio estético. Sin embargo, la revelación llegó por la tarde, visionando las fotos en el coche de vuelta para Jaén. Fue como un relámpago, el paraguas como barrera entre ella y yo, barrera de todas las faltas de comunicación y desidia actuales. No pude continuar con el repaso fotográfico, mi madre, nuestras carencias, mi angustia y yo, volvíamos a casa. Cuando pude sentarme enfrente del ordenador a revisar las fotografías, las sentía bellas en su atmósfera destructiva, el arte de nuevo a mi rescate, dando lugar a un proceso narrativo autobiográfico como medio de autoconocimiento y toma de conciencia sobre parte de mi identidad familiar. Desde entonces mi empeño e ilusión es que estas fotografías y especialmente la que aquí muestro, consigan acabar en un museo a la altura de la persona que es mi madre y todas esas madres productoras del único amor generoso que existe en el mundo y el cual no hay manera de corresponder en un plano material, ni creo que ellas lo demanden. Por y para mi madre y todas las madres de su generación.
Tu historia:
En ella está contenido todo y yo siento todo contenido en ella, incluido un viaje de 9 meses en su vientre, interminables quizá alguno de ellos o no, nunca le pregunté si fue un embarazo duro o más bien llevadero. Sin embargo, no hace mucho le pregunté si en aquel momento era un bebé deseado, la respuesta fue clara, después de dar a luz a su tercera hija 6 años antes no quería volver a quedarse embarazada. Reconozco que un poco de angustia me recorrió la garganta y el pecho al escucharla, he oído varias veces que lo que ocurra desde el momento de la concepción hasta el nacimiento afecta posteriormente a la vida de la persona y desde luego que tengo motivos para agarrarme a esa afirmación. Sin embargo, otros dos bebés vinieron durante los 3 años siguientes, sumando ya 7 hijos en total. No sé si en ellos existe esa angustia, apostaría que no. Qué lío de números¡, cómo se las arreglaría en la cocina para 9 personas, comprar ropa y comida para 9, planchar, estar pendiente de nuestros estudios, hacernos la merienda, limpiar el piso a diario, soportar nuestras idas de olla de adolescentes, novios, novias, homosexualidad, ateísmo, cortes de pelo, malas notas, buenas también, primeros viajes, primeras salidas nocturnas, comuniones, cumpleaños, enfermedades, vacunas, colegios, institutos, un marido ausente, un padre ausente. Cuál será la diferencia entre mi madre y las madres jóvenes de mi generación y posteriores, el tiempo quizá y lo que supone hoy en día un año en términos de adelantos y la presión de la libertad. No creo que se planeara siquiera la opción de buscar tiempo libre para dedicárselo a ella, porque tampoco creo que en su ser cupiera la posibilidad de plantearse otras opciones. Con ella siento que han faltado conversaciones, explicaciones de lo que nos ocurría si nos sentíamos mal, diálogos acerca de lo que es esto de la vida, el sexo o el amor. Por mi parte también han faltado algunas cosas, aunque creo que estoy siendo consciente de todo esto desde no hace mucho. Por eso, me he ido obsesionando frecuentemente acerca de cómo podría devolverle todo ese esfuerzo y amor generoso. La respuesta mental fue rápida, es imposible, la respuesta somática volvió a ser la angustia. Un fin de semana que me encontraba incómodo divagando sobre esta cuestión, mi pareja Lolo y yo decidimos invitar a nuestras madres a visitar Alhama de Granada un pueblo precioso y con una historia rica en secretos y cuestiones curiosas e impactantes. Al menos podría dedicarle un día para salir de su casa, entretenerla, pasar tiempo juntos y yo intentar aliviar mi nausea emocional. En este escenario y sin saber muy bien porque empecé a pedirle a mi madre que posara en determinados lugares que me resultaban llamativos para hacer fotografías. Un descampado rodeado de casas y edificios de baja altura magullados, tristes. Una esquina en medio de unas ruinas de piedra construidas varios siglos atrás y un montón de escombros como alfombra y pendiente de una casa a medio caer. Llovía y le pedía que se tapara con el paraguas. Me estaba pareciendo un ejercicio estético. Sin embargo, la revelación llegó por la tarde, visionando las fotos en el coche de vuelta para Jaén. Fue como un relámpago, el paraguas como barrera entre ella y yo, barrera de todas las faltas de comunicación y desidia actuales. No pude continuar con el repaso fotográfico, mi madre, nuestras carencias, mi angustia y yo, volvíamos a casa. Cuando pude sentarme enfrente del ordenador a revisar las fotografías, las sentía bellas en su atmósfera destructiva, el arte de nuevo a mi rescate, dando lugar a un proceso narrativo autobiográfico como medio de autoconocimiento y toma de conciencia sobre parte de mi identidad familiar. Desde entonces mi empeño e ilusión es que estas fotografías y especialmente la que aquí muestro, consigan acabar en un museo a la altura de la persona que es mi madre y todas esas madres productoras del único amor generoso que existe en el mundo y el cual no hay manera de corresponder en un plano material, ni creo que ellas lo demanden. Por y para mi madre y todas las madres de su generación.
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