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III Certamen de Fotografía Signo editores

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efímero
por aitorsalazar
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https://www.signoeditoresnumen.es/iii-certamen-fotografia/tu-historia/?contest=photo-detail&photo_id=73495
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Título:
efímero

Autor:
aitorsalazar

Tu historia:
ÉPHÉMERÈ Solo cuando la arena del reloj deja de caer nos damos cuenta de que el tiempo se ha acabado. Solo al anochecer vemos que un día más se ha marchado. Es en un funeral cuando valoramos una vida con verdadera intensidad. Únicamente al ver un accidente deceleramos. Un segundo es un mundo en fotografía. Un mero grano de arena en el reloj de la vida. Después, la nada. Un beso en el autobús escolar, un cruce de miradas en un bar, un coche que pasa por delante y nos salpica. Una sonrisa forzada o un llanto reprimido. Demasiado tarde es nunca. Todo es efímero, todo es bello. El tren llega cansado y a trompicones. Yo camino por Kiev y sigo al sol. Se mete en una boca de metro y sale por el otro lado, juega con las faldas de una vieja desdentada, salta a un taxi destartalado y de ahí a una fachada descascarillada. Juega con los cachivaches de metal de un tenderete en Teherán y se frena en el humo del cigarro del vendedor. Se esconde tras una nube y sale en un instante. Todos contenemos la respiración. Entra por las ventanas de la estación de trenes y yo espero acurrucado. Todo es movimiento a mi alrededor. Desde mi trinchera invisible, disparo cuando entra y sale la gente. Todos tienen prisa, ninguno tiene tiempo, o no saben que lo tienen. Nadie ve el deshielo, solo el charco que forma el agua. La música la componen notas, fotogramas de melodía que escapan agrupados en estribillos estridentes. Vemos el vuelo del pájaro pero no el aleteo. Solo la fotografía nos lo muestra. Nos cuenta la historia del galgo galopando en escorzos inimaginables. Cada fotografía es una letra secuestrada intentando formar palabras. Unos novios se cruzan en mi camino. Unos globos de colores escapan y suben hacía el cielo describiendo una gran parábola. Ellos sonríen y se creen libres y diferentes. El viejo vendedor de libros bosteza y se ajusta la corbata. Tiene los mismos cinco libros que ayer. ¿Qué hará cuando los venda?... Hay más adelante una mujer vestida de rojo esperando un tranvía rojo. Fuma mientras lee un periódico arrugado de hace días. Pronto estará en casa. La transición no es todavía estar. Una nube de humo se eleva y se dispersa. Algo muere para que algo nazca. Un chico espera a alguien con un enorme ramo de flores amarillas. En realidad todos esperamos. Una mujer vestida con harapos vende cigarrillos sueltos y a su lado otra vende fruta medio podrida. Un hombre me muestra un cartel que no entiendo y me mira fijamente. Todos miramos hacia otro lado. Coge su muleta y se marcha. Aquella vieja baja las escaleras con el bastón bajo el brazo. Ella sabe lo del tiempo. Cada escalón es una batalla. Se para y saca un pañuelo. Se pone una dentadura postiza amarillenta y continua su descenso. Sonríe. Las motos son lo único real en Teherán, el resto está parado, lo demás no hace ruido. Las motos y el ir y venir de carretas en el bazar. Sortean puestos, personas y objetos cargados de alfombras y telas de colores. Un gran teatro o una enorme orquesta. Cortinas, muselina y hijabs. El sol fuera es intenso y se cuela por todas las rendijas. Atraviesa el corazón de un niño que llora porque no le compran algo que no sabe para qué quiere. Huele a té, a pistacho y a sudor. El fumador de opio me pregunta qué hago allí. Me regala un plátano y yo le hago una foto. Aprieto el paso, giro la esquina y vuelvo al devenir de mercancías y velos negros. Vuelvo al confort de lo que se puede comprar con dinero. Un gato salta y me sobresalta. Un hombre ríe y me invita a su tienda. Un viejo lleva dos cabezas de cordero goteando sangre. Una moto frena en seco. Mecheros, calcetines y perfumes falsificados. Son dos euros hasta tu hotel. Diez más si me quedo. Todo es efímero, todo es fotografía. Éphémerè es un proyecto sobre las cosas que no duran para siempre, es decir, sobre todas las cosas. Es acerca de un presente que no tuvo pasado ni tendrá futuro porque así lo ha querido la fotografía. Demasiado pronto o demasiado tarde es igual de malo. Es esperar y disparar sin muerte. Equivocarse mil veces y mil días. Acertar es relativo. Es casi cuestión de gusto, de ritmo quizás. El soporte también es algo perecedero, algo caduco. La atmósfera como algo fotografiable. Algo que pensábamos que era para siempre pero de repente ha desaparecido o se ha roto. De todas las cosas que damos por hecho.
Tu historia:
ÉPHÉMERÈ Solo cuando la arena del reloj deja de caer nos damos cuenta de que el tiempo se ha acabado. Solo al anochecer vemos que un día más se ha marchado. Es en un funeral cuando valoramos una vida con verdadera intensidad. Únicamente al ver un accidente deceleramos. Un segundo es un mundo en fotografía. Un mero grano de arena en el reloj de la vida. Después, la nada. Un beso en el autobús escolar, un cruce de miradas en un bar, un coche que pasa por delante y nos salpica. Una sonrisa forzada o un llanto reprimido. Demasiado tarde es nunca. Todo es efímero, todo es bello. El tren llega cansado y a trompicones. Yo camino por Kiev y sigo al sol. Se mete en una boca de metro y sale por el otro lado, juega con las faldas de una vieja desdentada, salta a un taxi destartalado y de ahí a una fachada descascarillada. Juega con los cachivaches de metal de un tenderete en Teherán y se frena en el humo del cigarro del vendedor. Se esconde tras una nube y sale en un instante. Todos contenemos la respiración. Entra por las ventanas de la estación de trenes y yo espero acurrucado. Todo es movimiento a mi alrededor. Desde mi trinchera invisible, disparo cuando entra y sale la gente. Todos tienen prisa, ninguno tiene tiempo, o no saben que lo tienen. Nadie ve el deshielo, solo el charco que forma el agua. La música la componen notas, fotogramas de melodía que escapan agrupados en estribillos estridentes. Vemos el vuelo del pájaro pero no el aleteo. Solo la fotografía nos lo muestra. Nos cuenta la historia del galgo galopando en escorzos inimaginables. Cada fotografía es una letra secuestrada intentando formar palabras. Unos novios se cruzan en mi camino. Unos globos de colores escapan y suben hacía el cielo describiendo una gran parábola. Ellos sonríen y se creen libres y diferentes. El viejo vendedor de libros bosteza y se ajusta la corbata. Tiene los mismos cinco libros que ayer. ¿Qué hará cuando los venda?... Hay más adelante una mujer vestida de rojo esperando un tranvía rojo. Fuma mientras lee un periódico arrugado de hace días. Pronto estará en casa. La transición no es todavía estar. Una nube de humo se eleva y se dispersa. Algo muere para que algo nazca. Un chico espera a alguien con un enorme ramo de flores amarillas. En realidad todos esperamos. Una mujer vestida con harapos vende cigarrillos sueltos y a su lado otra vende fruta medio podrida. Un hombre me muestra un cartel que no entiendo y me mira fijamente. Todos miramos hacia otro lado. Coge su muleta y se marcha. Aquella vieja baja las escaleras con el bastón bajo el brazo. Ella sabe lo del tiempo. Cada escalón es una batalla. Se para y saca un pañuelo. Se pone una dentadura postiza amarillenta y continua su descenso. Sonríe. Las motos son lo único real en Teherán, el resto está parado, lo demás no hace ruido. Las motos y el ir y venir de carretas en el bazar. Sortean puestos, personas y objetos cargados de alfombras y telas de colores. Un gran teatro o una enorme orquesta. Cortinas, muselina y hijabs. El sol fuera es intenso y se cuela por todas las rendijas. Atraviesa el corazón de un niño que llora porque no le compran algo que no sabe para qué quiere. Huele a té, a pistacho y a sudor. El fumador de opio me pregunta qué hago allí. Me regala un plátano y yo le hago una foto. Aprieto el paso, giro la esquina y vuelvo al devenir de mercancías y velos negros. Vuelvo al confort de lo que se puede comprar con dinero. Un gato salta y me sobresalta. Un hombre ríe y me invita a su tienda. Un viejo lleva dos cabezas de cordero goteando sangre. Una moto frena en seco. Mecheros, calcetines y perfumes falsificados. Son dos euros hasta tu hotel. Diez más si me quedo. Todo es efímero, todo es fotografía. Éphémerè es un proyecto sobre las cosas que no duran para siempre, es decir, sobre todas las cosas. Es acerca de un presente que no tuvo pasado ni tendrá futuro porque así lo ha querido la fotografía. Demasiado pronto o demasiado tarde es igual de malo. Es esperar y disparar sin muerte. Equivocarse mil veces y mil días. Acertar es relativo. Es casi cuestión de gusto, de ritmo quizás. El soporte también es algo perecedero, algo caduco. La atmósfera como algo fotografiable. Algo que pensábamos que era para siempre pero de repente ha desaparecido o se ha roto. De todas las cosas que damos por hecho.
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