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La alegría aproximada de Christopher Anderson

Por: | De autor, Fotografía, Portada

 “He visto el futuro y el futuro es ahora y es China. No hay necesidad para el pasado. Puede ser borrado. Una nueva felicidad está siendo construida, una aproximación a la alegría, mejor que la real” Christopher Anderson

De esta forma —tan sugerente— el fotógrafo perteneciente a la Agencia Magnum nos introduce a su nueva publicación, Aproximate joy, donde desentraña – a través de sus retratos— a la nueva generación que se abre paso en China.

Admito que siempre me han fascinado los lugares intermedios, los vacíos legales y las personas atrapadas en un limbo social que busca definirlos  —Como le sucedió a William S. Burroughs en su momento.

© Christopher Anderson + Magnum, publicado por Stanley Barker

© Christopher Anderson + Magnum, publicado por Stanley Barker

Porque hay una belleza  singular en la observación de dos realidades que colisionan. Y eso está sucediendo en China, con lugares como Shenzhen —el Silicon Valley del gigante asiático— que hace tres décadas lucía como un pueblo de pescadores  y ahora alberga a más de 24 millones de habitantes. Esta urbe superpoblada —con su consiguiente contaminación y construcción masiva— es el escenario en el que se desarrolla Aproximate joy.

Anderson narra la historia de esta nueva China a través de sus pobladores, nada de horizontes sumergidos en la niebla ni edificios gigantescos perforando el cielo. Sus habitantes son el mejor símbolo de esa transformación milagrosa que está sucediendo.

Las fotografías de Anderson tienen mucho de representación teatral, será el manejo de la luz gris salpicada de neones o los personajes anodinos que pueblan sus fotografías, todo en ellas nos transporta a otra realidad.

El foco de su trabajo se encuentra en la psicología de los personajes que retrata, por eso borra todo rastro del contexto y la mayoría de las fotografías son primeros planos de hombres y mujeres metropolitanos que ignoran que están siendo observados. Hay reminiscencias inevitables a Walker Evans o Harry Callahan, autores en busca de la verdad que esconden los rostros retratados.

Hay algo misterioso, sensual e hipnótico en la nueva China que se abre paso y que retrata Anderson. Una ambivalencia que deja espacio para la deshumanización y también para la belleza. No sé si es la felicidad que promete la “transformación milagrosa” o quizás, ¿Solo una aproximación estéril a la alegría?

En las primeras páginas del libro Anderson cita la poesía de Xu Luzhi, trabajador de veinticuatro años de Foxconn, cadena de fábricas donde se ensamblan productos de Apple:

Todos duermen profundamente,

pero mantenemos abiertas las heridas jóvenes.

Estos ojos negros, ¿Podrán dirigirse realmente a la luz?

El autor del poema se suicidó en 2014.

Last modified: 28 septiembre, 2018

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