Please select featured categories (for ticker) in theme admin panel. You can select as much categories as you want.

La sombra de Kurosawa es alargada

Por: | Audiovisual Portada, Portada

Decía Francis Ford Coppola que lo que distinguía a Akira Kurosawa “del resto de nosotros es que él no rodó una o dos obras maestras. Hizo, ya sabes, unas ocho obras maestras”. Quizás por eso, por su incomparable genio para la narrativa y el arte audiovisual, se haya convertido en uno de los directores más influyentes de todos los tiempos para sus colegas cineastas, con mención destacada para hollywoodienses como George Lucas, Quentin Tarantino o John Sturges.

Desde los guiones de sus películas hasta sus complejos personajes, pasando por técnicas innovadoras, el peso de los elementos naturales para reforzar el dramatismo o la cuidada estética de sus cintas, buena parte del cine de acción y drama que hoy consumimos bebe directamente del cineasta japonés.

Es ya célebre la recreación en el wéstern de dos de sus obras maestras: por una parte, Los siete magníficos de Sturges, en la que el director americano llega a copiar pasajes enteros del guion de Los siete samuráis de Kurosawa; por otra, Por un puñado de dólares de Sergio Leone, en el que el mítico realizador del spagheti western no solo tomó pasajes del guion de Yojimbo, sino que llegó a plagiar incluso escenas y características de los personajes. 

Más allá de estos dos clarísimos ‘homenajes’ a Kurosawa (el de Leone no sentó nada bien al japonés, que llegó a denunciar al italiano por plagio y ganó el pleito), su influencia también se ha dejado sentir en la estética y la caracterización de algunos personajes de Star Wars de George Lucas, quien se inspiró para ello en La fortaleza escondida, o en la narración de cintas como Sospechosos habituales o El último verano en Marienbaud, que beben de una de sus mejores películas, Rashomon. Ésta fue la primera producción audiovisual que desarrollaba la trama a través de la historia de cuatro versiones contradictorias de otros tantos testigos de un asesinato, un recurso hoy habitual en el cine pero que supuso una auténtica ruptura a la estructura habitual de la gran pantalla en aquella época.

No obstante, la mano del genio japonés se ha dejado sentir más allá de su medio natural en disciplinas como la fotografía o la literatura, y consiguió crear además una gran fascinación en Occidente por las historias de samuráis. Pero ¿cómo llegó Akira Kurosawa a tal punto de genialidad en el séptimo arte? La explicación debemos buscarla tanto en su talento como en el tremendo bagaje cultural que atesoraba el director japonés.

La forja del genio

Sus inquietudes intelectuales le llevaron a conocer multitud de manifestaciones artísticas, tanto orientales como occidentales, que hicieron de Kurosawa un auténtico crisol de pensamientos, técnicas, tradiciones e innovaciones que, entrelazas con el genio de su mente, florecieron en su maestría para el cine.

Un aspecto poco conocido de su vida es que se inició en el mundo de la creación como pintor, lo que influiría en su obra cinematográfica el resto de su carrera. De esa temprana formación pictórica surgiría la cuidada estética de sus películas, de las que él mismo hacía los storyboards, y su perfeccionismo exacerbado para conseguir los planos y las caracterizaciones perfectos que tenía en su mente, una meticulosidad que le llevó a recibir el apodo de “el emperador” por su despótica manera de dirigir.

Por otra parte, era un gran amante de la literatura rusa (llevó a la gran pantalla El idiota de Dostoievski y Los bajos fondos de Gorki), del cine del norteamericano John Ford y de Shakespeare, y en su obra también se dejan sentir las influencias del teatro clásico griego. Sin embargo, no todo era occidente en Kurosawa, puesto que el teatro Kabuki, con su estilo dramático estilizado, y el Noh, así como el género audiovisual Jidaigeki (propio de Japón, en el que se representaban dramas de época, del periodo Edo en su mayoría, con protagonismo de samuráis, comerciantes, artesanos y agricultores), también están muy presentes a lo largo de toda su obra.

Estas influencias occidentales y su gusto por adaptar la sobras europeas al contexto japonés le granjearon cierto rechazo en su país natal, sobre todo en los años 40, con el imperio del sol naciente en guerra con el sudeste asiático primero y, más adelante, con los Aliados. Y es que las autoridades imperiales consideraban que sus creaciones estaban demasiado apegadas a la cultura judeocristiana en un momento en el que la exaltación de los valores nipones había ya sobrepasado ampliamente la frontera del racismo.

No obstante, una vez superada esa época oscura para la Historia de la humanidad, la amalgama de influencias culturales que se acumulaba en su cabeza, su talento innato para la gran pantalla y sus ideas vanguardistas en el audiovisual le alzaron al olimpo del cine universal, convirtiéndolo en uno de los cineastas más admirados e imitados de todos los tiempos.

Last modified: 14 diciembre, 2018

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies