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Leo Matiz

Leo Matiz, el fotógrafo de Macondo

Algo debe flotar en el aire de Aracataca, fluir por su riachuelo de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos, o emanar de esa tierra explotada por las compañías bananeras para que de un pequeño pueblo perdido en la región del Magdalena brotaran dos de los mayores talentos que ha dado Colombia a las artes universales.

Fotografía de Leo Matiz

El primero, inspirador de las primeras líneas de este texto, es por supuesto Gabriel García Márquez, el genio literario del realismo mágico. El segundo, objeto de estas letras, es uno de los mejores fotógrafos latinoamericanos del siglo XX, muy conocido en América Latina y algo menos en Europa: Leo Matiz.

Fotógrafo y literato no sólo comparten gentilicio, talento y gusto por las artes, también sus trayectorias vitales tienen ciertos paralelismos. Ambos creadores encontraron en la prensa la primera vía para mostrar lo que podían dar al mundo, disfrutaban de las parrandas que organizaba la bohemia de las ciudades en las que habitaron y viajaron por el mundo entero para narrar historias de los hechos que acontecían en regiones remotas con el lenguaje que mejor manejaban.

Fotografía de Leo Matiz

Sin embargo, a Leo Matiz el éxito le llegó antes que a García Márquez, y no solo porque el fotógrafo fuese diez años mayor que el escritor. A los 22 años, la edad a la que el literato sobrevivía a duras penas trabajando como periodista en El Universal de Cartagena de Indias, el reportero gráfico ya recorría toda Colombia haciendo fotografías para los principales medios del país.

Precisamente a esa edad, en el año 1939, Matiz haría la que se convertiría en su fotografía más famosa, el Pavo real del mar. Esta icónica imagen, en la que Matiz congela el instante preciso en el que un pescador de la Ciénaga Grande de Santa Marta lanza una red y ésta, en el aire, se abre por completo, forma parte de un reportaje que estaba realizando para la revista Estampa sobre la pesca en la región del caribe colombiano.

Pese a la notoriedad que había adquirido en su Colombia natal a tan corta edad, Matiz se caracterizaba por su carácter inquieto y aventurero, por lo que un año después de tomar aquella icónica instantánea emprendió un viaje en barco primero, y por tierra después, hacia México. El trayecto, en el que se demoró un año, le llevó a recorrer países centroamericanos como Panamá, Costa Rica o El Salvador.

México

La decisión de asentarse en el país azteca fue todo un acierto. Allí, Matiz, que además de fotógrafo también era caricaturista, consiguió que incluyeran algunas de sus obras en una exposición de artistas colombianos residentes en México, lo que le llevó a conocer a algunos de los artistas e intelectuales más importantes del momento en América Latina.

Esos contactos le sirvieron para empezar a colaborar con revistas y periódicos del país como reportero gráfico y para participar en el rodaje de algunas películas como foto fija.

En 1943, tan solo dos años después de haber llegado a Ciudad de México, ya había fundado su propia galería de arte en la capital azteca, y en 1945, a la edad de 28 años, fue reconocido por la prensa de aquel país como el mejor reportero gráfico de México.

Fama universal

En 1947 abandonó México y comenzó a trabajar en Estados Unidos para revistas como Life. En esos años Matiz es testigo de algunos de los acontecimientos más señalados de su tiempo, como la insurrección conocida como El Bogotazo, donde fue herido, o los inicios del conflicto entre israelíes y palestinos. Todas esas vivencias quedaron inmortalizadas por su cámara.

Fotografía de Leo Matiz

En 1951, de vuelta a Bogotá, funda la Galería de Arte Leo Matiz, donde se exponen por primera vez las pinturas de Botero, y se convierte en el gran epicentro de la vida cultural de la capital colombiana. En su círculo de amigos intelectuales de aquellos años comenzó a destacar un joven caribe de bigote incipiente, camisas raídas y prosa desenvuelta que trabajaba como reportero, Gabriel García Márquez.

Junto a su paisano cataquero realizaría algunos trabajos más en prensa, al tiempo que seguía desarrollando su faceta como promotor de arte en su galería y fotógrafo de cine. A lo largo de los siguientes años Matiz seguiría acumulando esas imágenes en blanco y negro que le caracterizaban, haciendo exposiciones y recorriendo el mundo con sus múltiples cámaras a cuestas.

Sin embargo, a diferencia de García Márquez, cuyo éxito y fama fueron creciendo de forma exponencial con el tiempo, la notoriedad del fotógrafo de Macondo, que de forma tan fulgurante le había llegado en su juventud, se fue diluyendo con el paso de los años y su instantánea más famosa seguiría siendo para siempre aquella que, a sus tiernos 22 años, consiguió capturar en la Ciénaga Grande de Santa Marta.

El estilo de Matiz

Fotografía de Leo Matiz

La formación y experiencia de Matiz en la pintura le llevaron a ser un fotógrafo con un gran gusto estético. En sus trabajos combinaba una gran destreza para componer imágenes con una asombrosa habilidad para captar momentos únicos, de esos que Henri Cartier-Bresson denominaba ‘instantes decisivos’.

Destaca también en sus imágenes el uso de la luz, con la que jugaba de forma magistral para crear instantáneas con un contraste lumínico que transformaba en un elemento narrativo más de la fotografía.

Más allá de su estilo, que le granjeó grandes éxitos, los temas tratados en las fotografías de Leo Matiz son tan diversos como la polifacética carrera del artista cataquero. Algunas de sus imágenes narran la actualidad, otras cuentan historias de la Latinoamérica más humilde, parte de ellas nos dejan ver el lado más íntimo de algunos de los mejores artistas de su tiempo. Así, por ejemplo, tiene más de cien retratos de Frida Kahlo en su haber.

Asimismo, el fotógrafo colombiano también exploró el surrealismo y las imágenes abstractas, ahondó en la composición geométrica de sus instantáneas y siempre trato de observar el mundo desde la particular extravagancia que lo caracterizó a lo largo de su vida.

Last modified: 29 marzo, 2019

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