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Los ‘señores del arte’ toman las calles de Afganistán

La historia de Afganistán en los últimos cuarenta años ha estado ligada a la guerra, la corrupción y la muerte. Enfrentamientos civiles, invasiones soviéticas y estadounidenses y luchas entre señores tribales han dejado al país asiático sumido en una inestabilidad que el fundamentalismo religioso y los abusos políticos no han hecho más que acrecentar.

Sin embargo, un grupo de artistas de la capital afgana, Kabul, se ha empañado en demostrar que hasta en los yermos desolados por las bombas pueden crecer las flores. Este colectivo nació en 2014 y se bautizó como ArtLords, ‘señores del arte’, en contraposición a los señores de la guerra y de la droga que pululan por el país al amparo de la inestabilidad y la corrupción, y desde entonces ha trabajado en llenar los muros de las calles afganas de coloridas pinturas que critican la corrupción y la guerra y hablan de paz y concordia. 

Esta iniciativa partió de dos jóvenes artistas de Kabul, Omid Sharifi y Kabir Mokamil, quienes decidieron que su ciudad debía recuperar la belleza que décadas de guerra habían destruido a través del arte mural y, además, que esas creaciones debían servir para crear una conciencia crítica entre una población agotada por los conflictos y sumida en el oscurantismo de años de censura. Para ello, resolvieron inspirarse en uno de los creadores contemporáneos más célebres del momento, Bansky.

Sharifi y Mokamil decidieron que sus primeros lienzos debían ser los grandes bloques de hormigón que proliferan por la ciudad para proteger edificios públicos de todo tipo contra posibles atentados. Los artistas pensaron que ese debía ser su primer gran golpe de efecto, cambiar el impacto psicológico que causaban esas defensas cenicientas como recordatorio del constante peligro por imágenes coloridas que inspirasen a sus conciudadanos.

Así, empezaron a pintar grandes murales en los que se motiva a los afganos a vigilar la corrupción de sus dirigentes, se plasma el drama de los miles de refugiados que abandonan el país cada año o se rinde homenaje a ciudadanos célebres que han destacado por su lucha por la libertad, los derechos humanos y la paz.

Y todo esto en un país en el que cada grafiti debe ser autorizado por la Administración, a la que los artistas deben presentar una carta y un boceto de la obra que desean pintar. De no hacerlo, el precio puede ser la muerte. De hecho, aún así han recibido amenazas por su trabajo, pero Sharifi explica en Globalvoices que sus vidas no son tan distintas a las de cualquier otro ciudadano de su nación, donde “la falta de seguridad es un hecho tan real como comer, beber o dormir”.

Pero, más allá de todo eso, lo cierto es que ArtLords ha conseguido algo que, en sus inicios, podía parecer imposible: en cinco años han creado casi 600 murales en 17 de las 34 provincias de Afganistán y cuentan con 17 trabajadores fijos y 41 a tiempo parcial que se encargan de pintar y realizar talleres con estudiantes y distintos colectivos.

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@rashid.khan19 the ambassador of hope.

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Esto también es posible gracias a que cuentan con la financiación de fuentes privadas, organizaciones internacionales y Gobiernos extranjeros que han visto en su proyecto una excelente forma de regenerar, a través del arte, a un país roto por la desgracia. Asimismo, parte de sus ingresos provienen de una cafetería ubicada bajo sus estudios en las que desarrollan diversos eventos culturales. 

Last modified: 1 julio, 2019

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