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Persigue el viento

Por: | Fotografía

Quien sea lector asiduo, visitante esporádico, de esta revista sabrá que de vez en cuando algún artículo de opinión cae. Cae porque todos tenemos opiniones y todos gustamos de expresarlas en voz alta —en palabra escrita, como es mi caso— de vez en cuando. Escribir estos artículos me da la oportunidad de compartir en un foro inmejorable lo que ocurre dentro de mi cabeza, en las ocasiones, más bien raras, en que consigo ordenarla; mis inquietudes, mi —corta— experiencia, pero sobre todo mis inseguridades, que no son pocas. Lo hago a través de las cosas que me ocurren, con la intención de que mis errores —y mis aciertos— puedan servir de ayuda y de guía a cualquier persona.

Acabando este viaje de 365 días, he pensado que era una buena oportunidad de hacer balance y esas cosas; y yo, que nunca he sido muy hacer esta clase de reflexiones “prenochevieja”, he decidido romper una lanza a favor de esto de echar las cuentas del año. Al volver de Londres me encontré una industria —la fotográfica— muy diluida, complicada y escasa de oportunidades. Intenté con las bodas, que eso siempre genera buenos ingresos, pero no me fue todo lo bien que yo esperaba. Empecé con los conciertos y la música, y aunque no voy a hacerme rico, no negaré lo mucho que lo estoy disfrutando.

También ha habido decepciones, y estas son las peores, porque vienen de proyectos que comienzo pero que no terminan todo lo bien que esperaba. A veces los proyectos son propios, mientras que en otras ocasiones los proyectos son de un tercero. La presión es enorme. La falta de dinero evidentemente limita a la hora de crear. Que se me ocurran siempre proyectos faraónicos tampoco ayuda, pero es lo que hay, toca ser paciente; pero también toca no dejar de salir, de buscar, de aprender, de conocer. La sensación de saltar al vacío sin saber si lo que hay abajo es una piscina o un acantilado es indescriptiblemente emocionante. Y de eso quiero hablar, de arriesgarse.

La paciencia probablemente sea la herramienta más necesaria en esta profesión de contar historias. Lo decía Enrique Meneses: “El periodismo es un 70% de paciencia, un 20% de profesionalidad y un 10% de suerte”. Cualquiera contradice al maestro. Para un fotógrafo documentalista, pasar un año sin producir una historia se convierte en un auténtico infierno; y la inseguridad en tu peor enemigo. ¡Qué bien se nos da boicotear nuestras propias ideas! Darme cuenta de que eso que quiero hacer, ya se ha hecho con anterioridad; pensar que no puedo hacer ese último proyecto que se me ha ocurrido porque no voy a poder hacerlo como quiero, porque quería hacerlo con una cámara demasiado cara, o porque no puedo pasar el tiempo suficiente sobre el terreno, o porque no he conseguido el acceso que quería; todos esos motivos se convierten en tu tumba.

Sin embargo, aunque las razones sean diferentes unas de otras, el resultado es siempre el mismo: Ese proyecto acaba cogiendo polvo en el fondo de un cajón y al final acabo no saliendo de casa. Hay una novela de Patrick Rothfuss que lleva por título “El nombre del viento”, y entre sus páginas encontré una expresión de un personaje que me caló muy hondo: “Perseguir el viento”, la cual el personaje emplea como metáfora para el afán de explorar y descubrir con ojos propios. La lectura va más allá, la persecución del conocimiento que se halla en su estado mas puro en la naturaleza, aquel que te llega sin haber pasado por el filtro de un libro y que proviene de la experiencia vital propia. Perseguir el viento como alegoría de salir al mundo y ver, ver con los ojos de un niño, con los ojos de un recién nacido; para no atraparlo nunca, porque el viento, al igual que el conocimiento absoluto, nunca se alcanza, pero es en ese viaje de autodescubrimiento donde yace la auténtica experiencia.

Me ha llevado un año entero llegar a esa conclusión. Tener a alguien que ofrece palabras de aliento y te sostiene durante el viaje también ayuda. No voy a ponerme melodramático, esa persona sabe quien es y con eso basta. Encarar este nuevo periodo con proyectos que estoy dispuesto a llevar hasta el final, y que comienzan en apenas unos días, no se me ocurre nada mejor que pedir para el año 2018. Abre los ojos, sal a perseguir el viento con las manos y los ojos de un niño, y jamás te pares; el viento no espera a nadie.

Last modified: 29 diciembre, 2017

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