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Pierre Gonnord vuelve a los orígenes

Por: | Actualidad, Fotografía, Portada

El fotógrafo francés da rienda suelta a la expresión libre y abstracta, y prende la mecha de la nostalgia en una muestra de paisajes que evocan su idea de vuelta a una vida rural en armonía con la naturaleza, a la vez que invita a una reflexión sobre la fugacidad de la existencia humana sobre este planeta y de la impronta dejada en él.

@ Pierre Gonnord

La luz ya ha caído, son casi las ocho de la tarde y a finales de septiembre los días se acortan deprisa. Me dicen que la exposición de Gonnord es peculiar, nada que ver con su trabajo habitual —el francés es conocido por sus retratos—, una exposición de paisajes. En el número 44 de la calle del Barquillo se encuentra la galería en cuestión, un espacio diáfano, tan blanca que por un momento pienso que me he metido por error en una clínica dental.

© Pierre Gonnord

© Pierre Gonnord

Y entonces un bosque. Ahora verde, ahora muerto. Una barca desvencijada encallada en mitad de una marisma desierta. Paisajes desolados, postapocalípticos, sin rastro de vida alguna. ¿Son acaso una consecuencia de la acción inmisericorde de la raza humana sobre el planeta? O, por el contrario, ¿son una muestra de la evolución natural de un ecosistema libre del hombre?

 

“Origines” apuesta, dice Gonnord, por lo segundo. El fotógrafo francés quiso imaginar el mundo; el mundo antes de la industria, antes del progreso; el mundo antes de la muerte de la vida a manos del acero, el carbón y el fuego. Sus paisajes desprenden ese aire de nostalgia de quien añora un mundo más primario y salvaje, entonan una canción suave y lastimera que te envuelve y no te suelta.

El autor quiso imaginar como sería el mundo de antes, el mundo rural y primitivo, cuando el hombre no requería de estar conectado a Internet para mirar las redes sociales, y cuando no necesitaba un televisor para ver los partidos del domingo. Imaginó playas de arena gruesa y acantilados con bordes afilados; imaginó bosques llenos de verdor y humedad, donde las ramas y el musgo pelean por cada centímetro de suelo.

Y en mitad de toda esta naturaleza imaginó a un hombre, Arthur; un hombre que respondía a los deseos de Gonnord de una vida sencilla e integrada en un mundo salvaje. Y desde la quietud de una pared blanca, Arthur devuelve la mirada de los extraños que lo visitan a diario, invitando a reflexionar, desafiando a imaginar.

Last modified: 6 noviembre, 2017

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