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Residencias artísticas, una oportunidad para experimentar

El arte es una de esas cosas que están en constante estado de cambio, de evolución. Se reinventa, se readapta, absorbe todas las influencias del momento actual sin dejar nunca de lado la herencia que acumula hasta el momento. En intento de continuar —y contribuir— a esa expansión, los artistas buscan oportunidades en diferentes lugares para ampliar sus horizontes. Es ahí donde entran en juego las residencias artísticas

Los programas que anuncian residencias artísticas ofrecen a los artistas la oportunidad de vivir y trabajar fuera de ambiente habitual, los empuja fuera de su zona de confort y los coloca en nuevos lugares, nuevos países, entornos desconocidos en los que seguir trabajando en su obra a través de la reflexión y la investigación. De la misma manera que una beca o un programa de estudios en el extranjero, las residencias artísticas les abren la puerta a otras culturas, otros estilos de vida; y los empujan a experimentas con nuevas técnicas y nuevos materiales. En definitiva, ofrece a los artistas una experiencia que tiene el potencial de cambiar sus vidas.

Partamos de un análisis muy básico. Como su nombre indica, una residencia de verdad, te da dos cosas: Un lugar de trabajo —ya sea un taller o un espacio de coworking— y un lugar en el que vivir. En muchas ocasiones ambos espacios se encuentran en el mismo lugar y el beneficiario de la beca recibe un estudio con zona de vivienda; mientras que en otras se trata de un espacio más grande compartido por varias personas que viven, trabajan e interactúan entre ellas en un mismo lugar. En este sentido, las residencias artísticas se entienden como una experiencia social enriquecedora, orientada a desarrollar las redes de networking de los propios artistas y a potenciar un ambiente colaborativo de gran potencial creativo.

Residencia artística en Cerdeira

Begonya García y Alfonso Fernández, integrantes del colectivo artístico Somos Nosotros, han hablado con Signo editores Numen sobre su experiencia en este tipo de programas, que se extiende a cuatro residencias artísticas en los últimos años: “En las residencias, sobre todo cuando están financiadas con dinero público, te ofrecen vivienda, un espacio de trabajo y a veces una tutela por parte de una figura de cierta importancia —dice Alfonso—, que en nuestro caso fue un comisario de exposición”.

Si bien es cierto que en las residencias en España que se financian con dinero público todos los gastos del artista están cubiertos, se trata de una situación ideal, “utópica”, como afirma Begonya. “Las residencias gestionadas por entidades privadas ponen sus propias condiciones. Ahí ya depende de ti decidir si quieres pagar lo que dice la empresa que tienes que pagar”. Aunque ellos insisten en que es una experiencia que te cambia la vida: “El networking funciona de verdad —asegura Begonya—, conoces a muchísima gente y eso siempre es bueno. Y luego la propia experiencia tiene un impacto real en la vida profesional. A nosotros nos han salido trabajos y encargos a raíz de haber participado en estos programas. Tal vez no sea algo inmediato y evidente, pero ocurre”.

Si bien es cierto que cada residencia artística goza de diferente reputación a las demás, lo que resulta innegable es que se trata de una experiencia vital a la que muchos artistas se prestan encantados para darle a su obra un valor añadido.

Last modified: 14 mayo, 2018

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