Please select featured categories (for ticker) in theme admin panel. You can select as much categories as you want.

El retrato de una emoción, la dimensión emocional de la fotografía

En incontables ocasiones se tira de tópicos y frases de sobra conocidas para comenzar a desarrollar una idea. Este caso, me temo, no va a ser diferente. Decía Robert Capa que “si tus fotografías no son lo bastante buenas es porque no estabas suficientemente cerca”. Esta cita tiene, por supuesto dos lecturas. Se puede analizar por el plano físico o desde su dimensión emocional. Hoy hablaremos de esta última.

La cercanía física es algo obvio, se aprecian mejor los detalles cuando no existe una brecha espacial muy amplia entre la lente y el sujeto fotografiado. Todo cobra una dimensión distinta, más grande, más épica. Estoy seguro que de todas mis fotografías favoritas hechas por grandes fotógrafos, ninguna se disparó usando una longitud focal más larga de 50mm. Es un hecho, fotografiar de cerca ayuda a meter en la situación a quien mira una fotografía.

Por otro lado, tenemos la “otra” cercanía, menos considerada al principio, menos evidente; y sin embargo innegable: La cercanía emocional. En una entrevista reciente con Signo Editores Numen, el fotógrafo francés Pierre Gonnord dejaba una cita sobre la que me gustaría hacer una reflexión: “Si no hay emoción, no puede haber presencia de una imagen. Siempre es así”.

Cada uno de los diferentes géneros de la fotografía tiene un factor que lo hace complejo. La precisión milimétrica al componer un paisaje o un producto, el sentido de momento y la valentía de ignorar las convenciones sociales en la street photography; o, en el caso del retrato, captar toda la potencia y esencia de una persona en una sola mirada. Puede que la clave sea la empatía. Cuando hablamos de la cercanía emocional, nos referimos a esa capacidad del fotógrafo de conectar con el sujeto y de hacer que el sujeto se sienta cómodo y relajado con una cámara delante.

Resulta imposible hacer una buena fotografía si no existe esa conexión, esa relación cómplice. La emoción está ahí, independientemente de cuál sea, pero pertenece al fotógrafo la prerrogativa de sacarla a luz. La emoción que se reflejará en la foto será la del sujeto, pero no nace ahí, en la foto, sino que debe fluir del fotógrafo. Será entonces cuando la cercanía emocional entre juego, pues el interés en una persona no se puede fingir, es genuino o no es. Eso diferencia a un gran fotógrafo de el resto.

Last modified: 22 noviembre, 2017

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies