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¿Por qué siguen siendo necesarios los libros de fotografía?

Evidentemente no sólo son necesarios los libros de fotografía. Novelas, tratados, ensayos, textos académicos… No hay nada que pueda compararse al poder de difusión de la palabra escrita. Sin embargo hoy nos los llevamos a nuestro propio terreno para hablar sobre los libros de fotografía y por qué siguen siendo necesarios en una era digital.

Desde hace ya un tiempo vengo dándole vueltas a la idea del libro, o fotolibro, o libro de fotografía… Un día de estos tendremos que aclarar en qué se diferencia un fotolibro de un libro de fotografía, pero no será hoy. Si habéis estado leyendo esta revista durante los últimos meses sabréis que empecé el año nuevo con muchas metas y con varios proyectos en mente. La idea del libro es algo que tengo en la cabeza desde entonces. Si bien los libros de fotografía —¿o son fotolibros?— pueden parecer algo anacrónico, un eco del pasado, yo me agarro bien fuerte a algo que solía decir Salgado: “El objeto último de la fotografía es la copia. Cuando tienes la copia en la mano, la foto se convierte en memoria”. En otras palabras, hasta que una fotografía no está en papel, no esta del todo acabada.

El universo digital ofrece muchas posibilidades: Un soporte barato en el que exponer tu obra y seguir produciendo, acceso instantáneo a una audiencia global… Sin embargo hay un lado que no siempre se tiene en cuenta, y que cuando se trata de producción artística es de vital importancia. Este lado “oscuro”, por así decirlo, es su volatilidad, su corto periodo de vida, su incapacidad para permanecer atemporal. Y ahí es donde lo físico, como un libro, entra en juego.

Detalle del libro Éxodos de Sebastiao Salgado

Entendiendo la fotografía como un instrumento capaz de convertir aquello que mira en memoria, en plena era digital tengo que decir que nos hemos convertido en unos desmemoriados. Subir una foto a redes sociales te da acceso a una audiencia global, pero lo hace durante sólo unos minutos —en el mejor de los casos— para luego desaparecer en el océano digital sin que nadie la recuerde al cabo de un par de horas.

Por otro lado, un libro es mucho más duradero. Siendo más frágil, y realizado en un soporte más expuesto al deterioro del tiempo, un libro es algo tangible, algo que se puede pasar de una mano a otra y que perdura por más tiempo. Estoy seguro que no soy el único que tiene en su casa libros de sus abuelos, o incluso de sus bisabuelos. Si la fotografía convierte lo que mira en memoria, es el libro el vehículo perfecto para atesorar esa memoria y guardarla a buen recaudo con el paso del tiempo.

Hay fotos que están hechas para redes sociales, para ser consumidas —o mejor dicho, fagocitadas— al instante en la red, pero hay que otras que merece la pena guardar, a la espera de un soporte más duradero que las convierta en recuerdos memorables.

Moto de Alberto García Alix

¿Por qué siguen siendo necesarios los libros de fotografía? En buena parte para que los románticos del oficio —como un servidor— puedan seguir sientiéndose maravillados con la sensación de sujetar un grueso volumen encuadernado en tapa dura. Pero, sobre todo, lo libros siguen siendo necesarios para contar las grandes historias, aquellas que son largas y complejas, las que no caben en las seis o siete páginas que podrían dar en una revista a una historia de esas características. Un libro sirve para que la Historia siga viva y pueda volver a visitarse por muchos años que puedan pasar.

Last modified: 14 mayo, 2018

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