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Sofía Moro, retratista de historias

Por: | De autor, Fotografía

En muchas ocasiones la mejor forma de contar una historia es emocionando al espectador, llevándolo desde el papel o la pantalla a la piel de sus protagonistas. Para ello, hay quien usa una cuidada prosa, algunos se sirven de la potencia narrativa del vídeo y otros tratan de congelar todo el relato en la fuerza visual de una imagen icónica. Sofía Moro, en cambio, lo hace a través de retratos.

Y es que esta fotoperiodista madrileña se ha caracterizado a lo largo de su carrera por contar historias a través de la mirada y los gestos de sus protagonistas. Relatos de vidas complejas que se reflejan en un brillo de ojos al recordar la cercanía de la muerte, una leve sonrisa al saborear la libertad tanto tiempo arrebatada o en un gesto torcido al rememorar experiencias traumáticas, y con los que la reportera busca conmover y emocionar al espectador.

Las historias de Sofía Moro hablan de temas sociales complicados, como la pena de muerte o la violación de derechos humanos, y de heridas históricas aún abiertas, como las de la Guerra Civil Española. Relatos en los que, según opina, el rostro de los protagonistas es la forma más potente de lograr esa pretendida emoción.

Rostros como el de Shujaa Graham, un norteamericano de color que pasó casi diez años en el corredor de la muerte por un crimen que no cometió, al que retrató de perfil, con la mirada baja y la cabeza inclinada hacia delante, mientras una lágrima le resbalaba por la mejilla.

“Un hombre herido se sienta delante de la cámara. No habla. Yo tampoco. Comienzo a fotografiar y al instante una lágrima atraviesa lentamente su mejilla. La lágrima es intencionada. Es la forma mediante la que Shujaa Graham lucha contra la pena de muerte. Es su manera de mostrar la injusticia, el dolor sufrido, la herida en erupción. Es consciente de que esa fotografía será un manifiesto contra la pena de muerte y eso es lo único que importa”, explica la propia Moro en el libro 50 fotografías con historia acerca de esa imagen, que fue portada de El País Semanal en 2010.

A step away from death

Aquella de Graham sería una de las primeras imágenes de uno de sus mejores trabajos, A step away from death, en el que retrata a personas relacionadas con la pena de muerte en países tan diversos como Estados Unidos, Japón o Bielorrusia. Es su particular forma de luchar contra una condena que arrebata lo más preciado que un ser humano puede poseer, en ocasiones a personas que no han cometido el crimen del que se les acusa.

El germen de esta serie se encuentra en aquel reportaje que publicó en El País Semanal. En él, junto al redactor Álvaro Corcuera, acudió a una reunión de expresos estadounidenses que habían estado durante años en el corredor de la muerte hasta que se demostró su inocencia y fueron puestos en libertad. Aquellas historias tan duras, de personas que habían estado a un paso de ser ejecutados por crímenes que no cometieron, la llevaron a interesarse por este tipo de condenas en los diversos países en los que sigue siendo legal.

Así llegó a Japón, donde fotografió a Iwao Hakamada, el hombre que más tiempo lleva en un corredor de la muerte, 46 años, y que espera su condena con la incertidumbre de no saber cuándo se llevará a cabo, ya que el sistema penitenciario japonés no notifica la fecha hasta la misma mañana de la ejecución.

O a Berlín, donde pone el foco en la otra cara de la moneda, la de los ejecutores. En la capital alemana retrató a Oleg Alkaev, un exsoldado bielorruso que formó parte de un pelotón de fusilamiento durante seis años hasta que se vio obligado a exiliarse de su país, y en cuyo rostro están grabadas las terribles secuelas psicológicas de la macabra tarea que le tocó ejecutar durante mucho tiempo.

Compromiso social

La del abolicionismo no es la única causa social que Sofía Moro ha abrazado a través de su trabajo. Los más desfavorecidos siempre han estado en el punto de mira de su cámara desde la primera vez que disparó como profesional. Fue en Guatemala, donde tomó imágenes de un proyecto hospitalario para la ONG Direct Relief International.

Desde aquel momento ha ido combinando sus proyectos sociales con encargos editoriales que, en ocasiones, le han servido para combinar encargos remunerados con fotografías críticas, como la que hiciese a los exconvictos para El País Semanal.

Entre sus trabajos más destacados sobresalen Cárcel de Carabanchel, en el que retrata la vida de las presas del penal madrileño en 1994, Ellos y nosotros, una serie de retratos sobre veteranos de la Guerra Civil Española de ambos bandos (realizada entre 1996 y 2006) o Defensores, en la que los protagonistas de sus imágenes son activistas de los derechos humanos y que fue realizada en 2008 por encargo de Amnistía Internacional para celebrar el 30 aniversario de la organización y los 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. 

Last modified: 20 mayo, 2019

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