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Sumergirse en el universo ficticio de Pessoa

Por: | Arte & Diseño, Portada

La creación siempre está oprimida ante el pasado, sometida al ceñido corsé del relato artístico. Liberarse de sus herencias, trasgredir sus formas, no significa tanto romper el tejido, sino transformar las mismas ropas en vestidos distintos.

El legado del arte adjudica un sentido al presente, desconocerlo seduce a la ficción de la novedad – un espejismo de humo – cuando, realmente, esta misma encontró su ejemplar en el pasado, evidenciando que lo novedoso es una mera réplica. Los nuevos, aunque vetustos, fanáticos posmodernos, devotos del Pop Art, rompieron con el arte de vanguardia por considerarlo elitista, relegándose, por lo tanto, a la cultura de masas. Esta ruptura con el dadaísmo, en primera instancia, y el racionalismo moderno en su conjunto, huérfanos ante la muerte de algunos de sus creadores más ilustres – léase Stravinski o Picasso –inauguró un cierto nihilismo – desencadenante último de la crisis de identidad colectiva actual – en la creación, admitiendo todo por válido, contradiciendo a una de sus fobias primigenias: la indefinición artística.

El arte se escribe en las aristas de la Historia, y resulta alentador analizar sus efectos, no siempre nítidos, en los contornos de la realidad. Así, con el instinto de un vacío que se precipita a un mundo desconocido, alguien se siente aventurero del universo Pessoa en la exposición Pessoa. Todo arte es una forma de literatura del museo Reina Sofía.

Exposición de Fernando Pessoa en el Museo Reina Sofía (Madrid)

Exposición de Fernando Pessoa en el Museo Reina Sofía (Madrid)

El nombre de la exposición, como en el sexo y la literatura, encarna un lugar caleidoscópico – abriendo una veda desbordada de tinta en el tiempo –, más ecléctico que la figura de Pessoa, quien inspiró a la vanguardia portuguesa de principios del siglo XX formada por artistas, tan desemejantes entre sí, como el pintor Amadeo de Souza-Cardoso o Álvaro de Campos– herederos de un arte que iría decolorándose al imponerse la dictadura portuguesa, perdiendo su forma radical primigenia, negándole el tiempo su lugar.

Sus obras son el reflejo del panorama artístico de su época, con influencia del cubismo o el futurismo, pero su belleza radica en la heterogeneidad dentro de un mismo cuerpo: en su mirada traslúcida, caleidoscópica, se armonizaron posturas estéticas, filosóficas y existenciales distintas que, si bien se nutrían de las vanguardias de su tiempo, no se sumaban definitivamente a ninguna corriente hegemónica.

No obstante, la urgencia de la realidad, la crisis de identidad en el tránsito del siglo XIX al XX, y su descripción de lo universal a través de su relación con lo local, son las singularidades que categorizan al conjunto de sus obras. Al margen de la particularidad histórica, inherente a todo movimiento, lo demás es libre y ecléctico, exento a cualquier etiqueta o cliché.

Visitantes en la exposición Todo arte es literatura de Fernando Pessoa

Visitantes en la exposición Todo arte es literatura de Fernando Pessoa

La lucidez y variedad en el paulismo, interseccionismo y sensacionismo, se reproduce con elegante delicadeza. Fragmentos de poemas y textos de Pessoa – con temas que transitan desde la infancia al pacifismo o la crítica social –; dibujos de horóscopos – especial mención a su dedicatoria a la Segunda República española –; correspondencias con autores como Mário de Sá-Carneiro, Unamuno, de letra tortuosa, y García Lorca, de prosa, como él, límpida; también cuadros que ejemplifican lo que es prosa – tan dispares como los de Eduardo Viana o Amadeo de Júlio dos Reis Pereira –; viñetas caricaturescas que dan solidez a la concepción de arte satírico de Pessoa – con transgresión tanto a la burguesía como a los ideales que pretendían destruirla –; paneles decorativos obra de arquitectos – como el homenaje al séptimo arte de José de Almada Negreiros en el antiguo cine San Carlos, donde, actualmente, los fines de semana, en la sala Kapital, se congregan multitudes en la peregrinación al hedonismo –; e incluso la música que sobrevuela en ciertas salas proporcionan un aire de ficción en el ambiente.

Presenciar la libertad en el arte, en una forma de literatura, sin ataduras ni brújula, sin precipitarse a la corrupción del sentido artístico, emite una oculta noción de belleza. Es esa misma concepción de la libertad la que dignifica el arte, tolerando la autonomía al creador que se responsabiliza de su obra. La ficción creada por Pessoa nos traslada a la infancia: cuando abrir un libro era sumergirse en él por primera vez, donde sus personajes, vacuos en las letras, tomaban forma en la vulgar realidad de nuestro entorno – “desde niño he tenido la tendencia a crear un mundo ficticio”, escribió Pessoa.

Al tiempo que abandonaba la última sala, tomando el camino inverso, comprendí que el café sólo aletarga el sopor tras la comida. La tempestad del viento lidiando con las incisivas haces de luz del mediodía y la diafanidad en los largos pasillos del museo que enlazaban entre sí el laberinto del antiguo hospital, fueron los prolegómenos antes de precipitarme, como cuando en la infancia descubrimos los astros en los viajes de Julio Verne, al universo Pessoa.

Last modified: 14 mayo, 2018

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