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Una mala proyección puede matar una película

No nos referimos a la fotografía que realizamos con nuestras cámaras, sino a la fotografía de una película. La labor que realiza el director de fotografía antes y durante el rodaje de una producción cinematográfica es vital, como también lo es, en la misma medida, que su visión —y la del director— se presenten fielmente ante el espectador que acude a una sala de cine. Es aquí donde entra en juego la figura del proyeccionista, o al menos donde debería entrar, ya que este rol en una sala de cine se ha convertido en una especie en peligro de extinción.

Tras su estreno en cines de todo el mundo, llegó el batacazo. Solo: A Star Wars Story ha sido declarado un fracaso en taquilla, donde no espera poder, como mínimo, recaudar lo suficiente para recuperar los 250 millones de dólares que costó producir la cinta. Tampoco le han faltado críticas a su argumento y a la dirección de LucasFilm bajo el paraguas de Disney, a quienes se ha acusado de querer meter con calzador mensajes políticos con el fin de adaptarse a las nuevas corrientes.

Sin embargo, la crítica que motiva este artículo es un poco más tangible —en cierto modo. Se trata de la proyección del film en las salas de cine. No son pocos los espectadores que se han quejado de falta de luminosidad en la película. Por desgracia, la culpa no es del film, que ha sido rodado siguiendo un esquema de colores muy oscuro y jugando en su mayor parte con los contraluces y los juegos de luces y sombras en entornos de penumbra. La culpa es de la desaparición de una figura que hasta no tanto resultaba indispensable en cualquier sala de cine: El proyeccionista.

Alden Ehrenreich como Han Solo y Joonas Suotamo bajo la piel de Chewbacca. © Lucasfilm Ltd.

El de proyeccionista es uno de esos oficios con aroma clásico, que tras el inicio del proceso de conversión al digital en la industria cinematográfica, ha ido perdiendo presencia hasta volverse casi anecdótico, como un animal exótico en un zoológico. No es una gran sorpresa, pues en 2016 más del 95% de las salas en España ya habían hecho la migración al formato digital, según datos publicados por la Federación de Cines de España (FECE). Sólo un grupo de irreductibles salas siguen resistiendo, más por romanticismo que por otra cosa. Es el caso del Cine Doré, en la Filmoteca Española (Madrid), donde mantienen un proyector de 35mm y otro digital, con su correspondiente proyeccionista.

El caso de Solo: A Star Wars Story es una muestra de cómo el oficio, que sigue siendo necesario, está desapareciendo. Hoy en día, la persona que te sirve las palomitas es la misma que te vende la entrada y que pulsa el botón “play” cuando comienza la sesión. Lo sé es una exageración, pero la idea es la siguiente: En aras de recortar costes, se han eliminado puestos de trabajo, dejando una labor que requiere un especialista en manos de gente que no tiene la preparación ni la experiencia necesarias. Esta falta de especialización, degenera irremediablemente en unos menores cuidados y, en algunos casos, en un pobre mantenimiento del equipo de proyección.

La nueva historia del universo Star Wars no es oscura. Bueno, lo es, pero no visualmente, sino en su ambientación. El problema es que la persona que proyecta el film no se molestado —o desconoce cómo hacerlo— en calibrar correctamente el equipo utilizado para transportar con fidelidad la visión del director de fotografía a la pantalla de cine.

En este sentido se han pronunciado algunos profesionales de la industria, como el co-fundador de Boston Light & Sound, Chapin Cutler, que se encargó de la supervisión e instalación de más de 100 proyectores de 70mm para el estreno de Los odiosos ocho y que trataba de explicar la causa del problema.

“Si el brillo del proyector está desajustado tan sólo un 10%, pierdes todo el detalle… Esta es la razón por la que existen estándares al capturar la imagen en la cámara. Los estándares de luminosidad no han cambiado en cien años de cine”.

Han Solo no ha sido el único en sufrir los estragos de un mantenimiento y calibración incorrectos de los equipos de proyección. Fue también el caso de Dunkerque, que en algunas salas de cine se proyectó en la pantalla con parte de la imagen cortada, un error que habría sido fácilmente evitable.

Last modified: 13 noviembre, 2018

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